Washington. Un funcionario jubilado del Departamento de Estado de Estados Unidos y su esposa fueron sentenciados el viernes a cadena perpetua y a 6-3/4 años de cárcel, respectivamente, por espiar para La Habana durante tres décadas porque compartían los ideales de la revolución cubana.

Walter Kendall Myers, de 73 años, quien tenía acceso a información clasificada del Departamento de Estado, y su esposa Gwendolyn, de 72, que trabajaba en un banco, fueron condenados en virtud de un acuerdo con la fiscalía mediante el cual admitieron espiar para el Gobierno comunista.

Kendall Myers dijo al juez que la pareja no actuaba por dinero o porque eran antiestadounidenses, sino debido a sus ideales. "Nuestro principal objetivo era ayudar al pueblo cubano a defender su revolución", dijo. "Compartimos los ideales y los sueños de la revolución cubana", señaló.

El ex funcionario indicó que las relaciones entre Estados Unidos y Cuba han sido marcadas por la hostilidad y la incomprensión, y él trató de aliviar los temores del pueblo cubano que se sentía amenazado.

El presidente estadounidense, Barack Obama, ha tratado de mejorar las relaciones con Cuba.

El juez estadounidense del Distrito Reggie Walton dijo que el matrimonio había traicionado a su país y no mostró ningún remordimiento, y que incluso parecían orgullosos de lo que habían hecho.

"Usted debe haber desertado". "Si usted cree en la revolución", dijo el juez al matrimonio mientras estaban frente a la sala del tribunal, "debería haber desertado".

La condena se produce una semana después de que el Gobierno del presidente Obama intercambiara 10 agentes rusos que habían estado viviendo en Estados Unidos como espías encubiertos durante cuatro años por cuatro estadounidenses que habían sido encarcelados en Rusia por establecer contactos con agencias de inteligencia occidentales.

Esta semana, un científico nuclear iraní que dijo ser secuestrado por agentes de Estados Unidos y llevado a ese país, retornó a su casa. Funcionarios de Estados Unidos han dicho que el científico había proporcionado información útil y se encontraba en el país voluntariamente.

El caso del matrimonio estadounidense no estaba relacionado con el de cinco agentes cubanos presos desde 1998 en varias cárceles de Estados Unidos y condenados por espiar a la comunidad de exiliados en Miami.

El Gobierno cubano los considera "héroes" y sostiene que son antiterroristas que evitaron ataques violentos contra la isla y también contra Estados Unidos.

Kendall Myers, conocido como Agente 202, y su esposa, nombrada Agente 123, fueron reclutados a fines de 1970 mientras él trabajaba para el Departamento de Estado.

Más tarde escaló como analista de inteligencia para Europa y tuvo acceso a documentación clasificada considerada de "alto secreto", que pasó al Gobierno cubano.

Agentes del FBI arrestaron al matrimonio, ambos residentes en Washington D.C., hace más de un año. Ellos han estado en la cárcel desde entonces.

El fiscal estadounidense Michael Harvey dijo en el juicio que la pareja recibió medallas de Cuba y viajó a La Habana en 1995 para una reunión privada con el entonces presidente del país, Fidel Castro.

"Es un traidor", dijo Harvey en alusión a Kendall Myers. "El traicionó a sus colegas del Departamento de Estado y a nuestra nación", apuntó.

El juez estuvo de acuerdo con la petición del fiscal en contra de Kendall Myers, quien entregará 1,7 millones de dólares en activos, lo que representa el importe del sueldo que recibía como empleado del Departamento de Estado.

Kendall Myers, quien dejó el Departamento de Estado en el 2007, es bisnieto de Alexander Graham Bell, el inventor del teléfono.

Los abogados dijeron que la esposa debía recibir una sentencia más ligera debido a su mal estado de salud. Ha sufrido un ataque al corazón y varios padecimientos de menor importancia.

Según el acuerdo del matrimonio con la fiscalía, ella podría haber sido sentenciada a 7 años y medio de cárcel, en tanto sus abogados solicitaron una condena de seis años de prisión. El juez le ordenó que fuera puesta en libertad condicional tras cumplir tres años tras las rejas.