Moscú. En los casi diez años posteriores a la caída de la Unión Soviética, el Parlamento ruso fue un combativo bastión de la oposición donde los diputados se enzarzaban en duras discusiones y las votaciones podían ser estrechamente ajustadas.

Todo eso cambió cuando Vladimir Putin ascendió al poder en 1999.

Dominado por el partido de Putin, Rusia Unida, el Parlamento ruso ha aprobado sus políticas en votaciones que son a menudo predecibles, mientras los duros debates han sido ignorados en su mayoría por los rusos.

No es que todo eso vaya a cambiar tras las elecciones, que dejaron a Rusia Unida con sólo una estrecha mayoría en la Duma Estatal, la Cámara Baja, y que originaron una ola de protestas callejeras contra un supuesto fraude electoral, dañando la autoridad del primer ministro.

Pero por primera vez en años, se espera que la Duma se anime un poco cuando se reúna el miércoles para su primera sesión desde los comicios, con nuevos miembros como la ex "conejita" Playboy Maria Kozhevnikova, el campeón de boxeo Nikolai Valuyev y un ex tenista de primera línea como Marat Safin.

"Espero que los líderes del país se hayan dado cuenta que el sistema político tiene que cambiar. Si es así, el Parlamento es un buen punto de partida", comentó Boris Makarenko, analista político del centro de estudios Tecnologías Políticas.

"Rusia Unida aún tiene una mayoría, pero ahora es mucho más pequeña y parece que el Parlamento se convertirá en un lugar apropiado para el debate", señaló.

Es improbable que eso implique grandes enfrentamientos como los de la década de 1990, cuando los comunistas intentaron impugnar al presidente Boris Yeltsin al final de su legislatura.

A los dos principales partidos de la oposición en la Duma, los comunistas y los nacionalistas, se les ha acusado con frecuencia de tener intereses para que se mantenga el "status quo".

El izquierdista Rusia Justa, el otro partido de la Cámara, ha respaldado hasta ahora con frecuencia a Rusia Unida, y ha mostrado pocos indicios de que vaya a cambiar de dirección.

Pero en un distanciamiento respecto a la Duma anterior, Rusia Unida podría tener que hacer concesiones a otros partidos si quiere impulsar grandes cambios legislativos, ya que ha perdido la mayoría de dos tercios que le permitía cambiar incluso la Constitución.

El presidente, Dmitry Medvedev, solicitó una reforma del sistema político y de Rusia Unida, al que lideró en los comicios del 4 de diciembre, aunque no ocupará un escaño.

"Dada la configuración más compleja de la Duma Estatal, tendremos que entrar en acuerdos de coalición en asuntos concretos", dijo Medvedev.

Tal vez no parezca mucho, pero esas palabras de compromiso no se habrían oído antes de que los votantes redujeran la enorme mayoría del partido, en una demostración de su descontento con Putin y por asuntos temas como la corrupción rampante y la enorme brecha entre ricos y pobres.