Washington. ¿Cómo se sentiría usted de compartir las duchas con militares gays o lesbianas? ¿Qué tal una carpa de campaña en tiempo de guerra?

Estas son algunas de las 103 preguntas que el Pentágono está realizando en una consulta enviada a 400.000 miembros de los servicios armados antes de una posible revocación de la prohibición de 17 años a que personas abiertamente homosexuales sirvan en las Fuerzas Armadas.

Críticos han sugerido que partes de la consulta de US$4,5 millones son parciales contra los homosexuales -una noción que el Pentágono rechazó el viernes. "Absoluta e inequívocamente rechazo (las acusaciones de parcialidad) como un disparate", dijo el secretario de prensa del Pentágono, Geoff Morrell.

"Nosotros pensamos que sería irresponsable realizar una consulta que no atienda este tipo de asuntos (relacionados a la privacidad)", agregó, citando preocupaciones expresadas por soldados sobre los baños, la socialización y los cuarteles.

La consulta -de la que sólo una parte se refiere a la homosexualidad- busca informar a un estudio del Pentágono que debería estar listo en diciembre para preparar una posible revocación de la política "No preguntes, no digas".

La política de la era de Clinton permite que gays y lesbianas sirvan en el Ejército si mantienen en secreto su orientación sexual, pero los expulsa si ésta se hace conocida.

Su revocación es defendida por el presidente Barack Obama y los defensores de los derechos de los homosexuales, quienes lo ven como un hito en una campaña por la igualdad de derechos de Estados Unidos.

Morrell planteó la posibilidad de que más entrenamiento, educación o incluso ajustes a los recintos podría ser necesario para preparar a las fuerzas armadas si la ley es revocada.

Pero "aún no conocemos ninguna forma. Eso es lo que necesitamos descubrir de manera concluyente a través de esta consulta científica", afirmó.

El Palm Center, un instituto de investigación de la Universidad de California, Santa Barbara, fue uno de los grupos que criticó el enfoque general del sondeo del Pentágono.

"¿Por qué harías esas preguntas a menos que pienses que hay algo potencialmente malo con (ese grupo)?", reflexionó el director del Palm Center, Aaron Belkin. "Nunca tendrías un sondeo que pregunte: ¿Compartiría una ducha con un soldado católico?", agregó.

La mayoría de las preguntas buscan evaluar temas demográficos y antecedentes de servicio de los consultados. Pero la última sección trata sobre temas relativos a la posible revocación de la prohibición.

Una pregunta dice: "Si la política 'no preguntes, no digas' es revocada y se te asigna un baño con duchas abiertas que alguien que crees que es gay o lesbiana también utilizará, ¿qué es lo más probable que harías?".

Entre las posibles respuestas está: "No tomaría acciones" o "Hablaría con un capellán, mentor o líder sobre cómo manejar la situación".
Morrell dijo que el Pentágono está haciendo todo en su poder para que el estudio resulte bien. El destacó que el Pentágono contrató a una firma de sondeos profesional para administrar la consulta.