Quito,Reuters. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, encabezó sus primeras reuniones de gabinete más de 35 años antes de ser elegido.

Cuando era un niño en la ciudad portuaria de Guayaquil jugaba a ser jefe de Estado con sus amigos, quienes cumplían el papel de ministros y recibían sus órdenes.

El carisma innato que mostró desde su infancia lo ayudó a ser uno de los presidentes más populares de Ecuador, aclamado como un salvador desde páramos andinos hasta la selva de la amazonia.

Sin embargo, sus enemigos ven en sus juegos de niño los rasgos autoritarios de un líder al que ahora acusan de acaparar poder, pues de alguna forma siempre se arregló para ser el jefe.

"A los ocho años con sus amigos jugaba a que él era presidente y los otros eran ministros. Y yo les decía, 'oye cuando uno juega a policías y ladrones, una vez te toca ser policía otra vez te toca ladrón'", dijo su hermano Fabricio, quien se convirtió en uno de sus mayores críticos tras una agria disputa por unos contratos con el Estado.

"'Pero acá ustedes siempre son los tontos que son los ministros y él es el presidente'", agregó en una entrevista al describir los juegos del pasado.

A pesar de las opiniones polarizadas sobre este fotogénico economista, las encuestas muestran que el país de unos 15 millones de personas le otorgaría a Correa un nuevo periodo en los comicios presidenciales del 17 de febrero.

El objetivo es continuar su "Revolución Ciudadana" que lo compromete a luchar contra la agobiante pobreza y a expandir el papel del Estado en la economía ecuatoriana.

Correa, un economista con astucia política y un agresivo discurso antiestadounidense, ha construido un sólido apoyo por el aumento del gasto estatal en salud y educación en beneficio de los pobres en las periferias urbanas y zonas rurales.

Sus enfrentamientos con inversores de Wall Street y las empresas petroleras le han ayudado a construir una imagen de un aguerrido populista que lucha contra las élites en nombre de los pobres.

Para sus detractores, sin embargo, es un político autoritario e impulsivo que no tolera las opiniones diferentes y persigue a sus adversarios, mientras ataca tanto a la libertad de expresión como a la libre empresa.

Los opositores aseguran que su éxito político se deriva de la gran expansión de los poderes presidenciales y del uso indiscriminado de las arcas del Gobierno, hinchadas por el alza de los precios del crudo, el aumento de los impuestos y los acuerdos de financiamiento con China.

Una victoria el próximo domingo allanaría el camino para que Correa, de 49 años de edad, permanezca una década en el poder, una hazaña notable en un país donde los golpes militares y las protestas violentas vulneraron la figura presidencial.

Y podría poner a Correa en camino a desempeñar un rol más protagónico en la izquierda de América Latina en momentos en que el presidente venezolano Hugo Chávez, el líder del movimiento en la región, lucha contra el cáncer en Cuba.

Los dos comparten un rechazo feroz al "imperialismo Yanqui", pero Correa ha dicho que "no le interesa en absoluto" ser una figura regional porque tiene "suficiente" con los asuntos internos de Ecuador.

Y pese a que dijo no estar interesado en ocupar el lugar de Chávez en caso de que la enfermedad que sufre lo obligue a alejarse del poder, es altamente probable que continúe replicando los ataques retóricos que lideró Venezuela en los últimos años contra "el imperio".

En el 2009, el líder ecuatoriano puso fin a los vuelos estadounidenses contra el narcotráfico y dos años después expulsó a la embajadora designada por Washington en Quito.

El año pasado crispó los nervios de algunas potencias occidentales al permitir al fundador de WikiLeaks, Julian Assange, refugiarse en la embajada de Ecuador en Londres, argumentando que Washington quería perseguir al ex pirata informático por la publicación de miles de cables secretos de Estados Unidos.

Héroe de los pobres. Debajo de las duras críticas de Correa acerca de los medios corruptos y los banqueros inmorales se encuentra un fuerte deseo de reducir la pobreza que vivió de cerca en 1987 cuando trabajó como voluntario en una organización católica en el remoto pueblo andino de Zumbahua.

Durante un año vivió en una pequeña habitación en una casa humilde, tocando la guitarra y compartiendo comida con los indígenas kichwa mientras aprendía su idioma.

La desnutrición, la falta de atención básica a la salud y la vista de niños que caminan descalzos y en harapos fue un fuerte contraste con su infancia en una familia de clase media baja.

"El tiempo que pasó acá lo marcó. Frente a las situaciones de pobreza, de necesidad, de indigencia en la que estaba inmerso el pueblo, él andaba diciendo que cuando fuera presidente estas cosas cambiarían y entonces se le burlaba un poco la gente", dijo Pío Baschirotto, un sacerdote de 71 años de Zumbahua, que es amigo personal del mandatario.

Correa fue a estudiar una maestría en economía en Bélgica, donde conoció a su esposa, y en el 2001 completó su tesis doctoral en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, en la que escribió en contra de las reformas de libre mercado que barrieron América Latina en la década de 1990.

Padre de tres hijos, ganó la presidencia a fines del 2006 con la promesa de aliviar la pobreza aumentando la participación del Estado en la industria del petróleo y el gasto del Gobierno en bienestar social.

Desde entonces, duplicó los fondos para educación, acercó a comunidades olvidadas a las grandes ciudades con modernas vías y amplió el acceso a la asistencia sanitaria mediante la construcción de 20 nuevos hospitales y la renovación de cerca de 500 clínicas.

"Cómo hemos avanzado en una política digna y soberana (...) cómo hemos avanzado en infraestructura, esa viabilidad que es la envidia de toda nuestra América, puertos, aeropuertos, hidroeléctricas, vaya que si hemos cambiado", dijo Correa cuando lanzó su campaña para la reelección en noviembre.

"Pero hay un largo camino por recorrer y es por eso que estamos aquí", agregó ante miles de eufóricos seguidores.

Correa es un aficionado al ciclismo, casi siempre luce un bronceado saludable y a menudo aparece en tarimas cantando y bailando música latinoamericana, junto a sus ministros.

Durante sus recorridos y visitas siempre rompe el protocolo de seguridad personal para saludar con apretones de manos a sus partidarios y repartir besos a sus seguidoras, que lo ubican entre los hombres más atractivos del país de acuerdo a una revista local.

Los últimos sondeos muestran que lograría entre el 50 y el 60 por ciento de votos. Eso es por lo menos 30 puntos porcentuales por delante de su más cercano rival, el ex banquero Guillermo Lasso, uno de los siete candidatos presentados por la debilitada oposición.

Estado hecho a medida. Su encanto y el alto gasto estatal a menudo se citan como las razones que han permitido a Correa tener una enorme popularidad en medio de un contexto político volátil, que le costó la salida anticipada a sus tres predecesores en tan sólo ocho años.

Además Correa ha reformado las instituciones estatales mediante una nueva Constitución aprobada en el 2008, con lo que amplió el alcance de su poder, lo ayudó a poner aliados en entidades clave y ahora le permitiría ser presidente por dos mandatos consecutivos.

También pasó por encima de una Asamblea hostil llamando a un referendo en el 2011 sobre reformas para las que probablemente no hubiera podido tener el apoyo del legislativo. Críticos dicen que algunas de esas reformas le han permitido aumentar su poder sobre el sistema judicial.

Al mismo tiempo, amplió el uso de los medios estatales para pulir su imagen, comenzó a llamar a los periodistas "corruptos" y "sicarios de tinta", y demandó por difamación a dos diarios críticos.

Líderes empresariales dicen que la expansión del control estatal sobre la economía y la creación de impuestos ha debilitado el sector privado, mientras advierten sobre la necesidad de atraer a la inversión extranjera para sostener el crecimiento del país petrolero y dolarizado.

Lasso, su principal rival, le acusa de querer extender la "franquicia del socialismo" en Ecuador por la similitud entre su Gobierno y los de Venezuela y Bolivia.

Algunos de los que le ayudaron a ganar la presidencia se pasaron a las filas de la oposición porque no encontraron espacio para expresar su ideas. Correa en un plazo de dos años separó a unos diez aliados de su círculo íntimo.

"Nosotros llegamos a tener una relación casi de hermanos. Y a veces no sabía ni él ni yo quien había dicho qué primero", dijo su mentor político Alberto Acosta, quien se peleó con Correa por los planes del mandatario para expandir la industria minera en detrimento del medio ambiente.

"Ya no le conozco. Se ha vuelto autoritario, prepotente, soberbio. Es un caudillo", agregó Acosta.

Los ecuatorianos también elegirán el domingo una nueva Asamblea Nacional.

Alianza País, el partido de Correa, espera ganar más de un 50 por ciento de los escaños, frente al actual 42 por ciento, lo que permitiría pasar leyes sin necesidad de negociar con la oposición.

Personalidad combativa. Una de sus más amargas peleas fue con su hermano Fabricio, quien lo acompañó en el inicio de su carrera política a la presidencia y con quien solía jugar a dirigir un país cuando eran niños.

El presidente rompió escandalosamente con su hermano mayor en el 2010, cuando se hizo público que empresas ligadas a Fabricio habían firmado contratos públicos violando leyes contra el nepotismo.

Fabricio niega los cargos y dice que la relación se rompió cuando se quejó sobre contrataciones irregulares del Gobierno.

"Se nos hizo fanático", dijo Fabricio. "Se piensa a sí mismo (como un) mesías y siempre diseñó un proyecto totalitario perfecto porque cree que esa es la única manera de ayudar a los pobres", añadió.

Pero Correa siempre tiene respuestas rápidas y bien sustentadas a tales acusaciones.

"Dicen que estamos obsesionados por el poder (...) ¡Sí! Estamos obsesionados por el poder servir a nuestros ciudadanos, sobre todo a los más pobres", dijo el mes pasado cuando celebró seis años en el cargo.

"Estamos obsesionados por el poder construir más escuelas, más hospitales, más carreteras, más puentes", acotó.

Los partidarios y rivales se quejan por igual de que su temperamento fuerte y su actitud hostil le han llevado a peleas innecesarias y a poner en práctica políticas basadas en la confrontación.

Su enfrentamiento más notable fue en el 2008 con los tenedores de deuda ecuatoriana, cuando decidió dejar de pagar unos 3.200 millones de dólares a pesar de que Ecuador tenía los fondos para honrar esa acreencia. Su Gobierno argumentó que la deuda había sido contraída ilegalmente en el pasado.

Ecuador después recompró esos bonos con un gran descuento, en una osada operación que sorprendió a los inversionistas, pero que dejó al país sudamericano fuera de los mercados internacionales.

Correa también forzó a las petroleras a firmar contratos otorgando al Estado un mayor ingreso, empujando a la brasileña Petrobras a abandonar el país, y obligó a las compañías de telefonía a pagar más por sus licencias de operación.

Los ingresos estatales han mejorado gracias a estas reformas, pero la inversión extranjera ha disminuido dejando al país en una posición vulnerable en el largo plazo.

"Su mayor defecto es su mayor virtud. Pelea por las cosas en las que cree sin medir las consecuencias. Es como Don Quijote frente a los molinos de viento", dijo la amiga de Correa y ex ministra Susana Cabeza de Vaca.