Lima. Con un nuevo estilo de gobernar en Perú, Ollanta Humala disfruta de una luna de miel más dulce de la que muchos auguraban y podría prolongarla si logra aumentar el gasto y concretar programas sociales pese al impacto de la crisis global.

El nacionalista, que hasta hace poco era catalogado por el "establishment" conservador como un radical inexperto, está próximo a cumplir los primeros 100 días más exitosos para un gobernante peruano en varias décadas, alcanzando una aprobación del 65%, inusual para el país.

El militar retirado se ha adueñado del espectro de centroizquierda que fue mayormente abandonado en los últimos 20 años con una receta que busca llegar a los pobres y restablecer la confianza de los inversores para que el dinero siga fluyendo hacia la economía local.

La mezcla no es nueva en Latinoamérica.

En Chile la ejecutó la coalición Concertación que gobernó durante 20 años y el Partido de los Trabajadores de Luiz Inácio Lula da Silva hizo lo propio en Brasil.

Lo que sí ha sorprendido a muchos es la rapidez con la que el estilo conciliador de Humala está dando réditos en Perú, que este año vivió una de las elecciones más polarizadas de su historia y donde los líderes suelen sacar ronchas.

También ha llamado la atención su bajo perfil. A Humala es más fácil verlo entrenando con la selección peruana de fútbol que hablando sobre un tema de coyuntura. Algo que dista de la verborrea que caracterizó a su predecesor, Alan García.

Humala ha seducido a los que sienten que las grandes reformas promercado de la década de 1990 dejaron un Estado débil e incapaz de distribuir la bonanza de los precios de las materias primas entre el tercio de peruanos que aún es pobre.

"Creo que ese nuevo estilo está funcionando", opinó Alfredo Torres, director de la encuestadora Ipsos Apoyo.

"Sí, puede perder aprobación con los problemas económicos y sociales, pero mi impresión es que la luna de miel va a ser prolongada", agregó.

Una muestra fue la marcha el miércoles de miles de personas por varias ciudades del país para respaldar a Humala, en una manifestación histórica a favor de un Gobierno y organizada por sindicatos de izquierda que parecen resurgir en el país.

Humala ha seducido a los que sienten que las grandes reformas promercado de la década de 1990 dejaron un Estado débil e incapaz de distribuir la bonanza de los precios de las materias primas entre el tercio de peruanos que aún es pobre.

Sin contratiempos, el presidente logró la aprobación en el Congreso de leyes que prometió durante la campaña electoral.

Tres normas elevaron las regalías e impuestos al lucrativo sector minero y otra dio más voz a las comunidades indígenas frente a la aprobación de proyectos mineros y energéticos.

Asimismo, su primer ministro, el empresario Salomón Lerner, logró calmar este mes los ánimos de pobladores y autoridades del sur de Perú que habían convocado a una paralización para protestar por un millonario plan de expansión de la cuprífera Southern Copper.

Lerner se convirtió durante la campaña en un brazo derecho de Humala -considerado por algunos como la persona que más influye en el presidente después de su esposa Nadine- y es quien ha logrado un engranaje entre el sector privado y el Gobierno.

No todo es miel sobre hojuelas. El próximo gran paso para Humala será concretar los programas sociales y contrarrestar el impacto de la crisis económica mundial.

El mandatario deberá poner en marcha el segundo tramo de una prometida alza del salario mínimo, duplicar la cobertura de un programa para las familias pobres y otorgar una pensión a los mayores de 65 años.

Ese mayor gasto no arriesgaría el superávit fiscal de Perú, afirmó el ministro de Economía, Luis Miguel Castilla.

En el Congreso, Humala no afrontaría en el corto plazo una fuerte resistencia a sus planes.

"Ha formado un bloque que le da una mayoría holgada por ahora, creo que no van a tener problemas este primer año en sostener esa mayoría, después, no lo sé", dijo el legislador de oposición Carlos Bruce.

Hacia adelante, Bruce sostuvo que habrá que ver si Humala logra pasar en el Congreso una postergada ley laboral con la que buscaría impulsar la formalización en el sector.

Y en el frente social, el gobierno también intenta aplacar los más de 200 conflictos que abruman a la nación y que empañaron el segundo mandato del ex presidente García.

"Hemos iniciado algo que pensamos estaba un poco abandonado que son las relaciones con los gobiernos regionales y locales", dijo recientemente el primer ministro Salomón Lerner.

"Tenemos un cambio de actitud frente a las relaciones laborales y estamos trabajando en una nueva relación de diálogo con las diferentes poblaciones", afirmó.

Las comunidades rurales suelen protestar en medio de temores a que el desarrollo de los recursos naturales afecten su medioambiente.

Hasta el momento, el mandatario ha esquivado las protestas.

Sin embargo, no debe bajar la guardia debido a que por sus raíces izquierdistas las comunidades tienen altas expectativas.

"El surgimiento de Humala se da mucho con el sustento popular, entonces el que no logre entregar lo que ha ofrecido significaría una tensión social quizá más fuerte de lo que hubiese significado con (Alan) García", dijo Juan Lorenzo Maldonado, analista de Roubini Global Economics.

Y existe el riesgo de que si "hay tensión social muy fuerte, él decida recurrir nuevamente hacia una posición un poco más radical que hacia una posición ortodoxa", agregó.