Copiapó. Buena parte de los 33 mineros rescatados en Chile ya volvió a sus casas, pero decenas de objetos que acompañaron a familiares y socorristas en la odisea para traerlos a superficie aún no tienen un destino final.

La cápsula de hierro en la que los hombres fueron elevados por un ducto de más de 600 metros será exhibida en la capital del país, pero los habitantes de Copiapó, la ciudad más cercana a la mina donde ocurrió el accidente, empezaron a juntar firmas para que vuelva a la zona.

"Hay un clamor de la comunidad de Copiapó que (la cápsula) por derecho propio nos pertenece. Somos una región minera, ocurrió aquí el acontecimiento", dijo Bernardo Córdova, de 69 años, mientras paseaba por la mina San José con un cartel promoviendo las firmas para que la Fénix quede en la ciudad.

"Puede ser que recorra Chile pero tiene que volver aquí", agregó el ex trabajador salitrero en el Campamento Esperanza, donde los familiares de "los 33" vivieron por más de dos meses y construyeron una improvisada ciudad, que la semana pasada fue poblada por miles de periodistas.

Otra de las cápsulas que se ensamblaron para el rescate será enviada a la "Expo Shanghái" en China, mientras que la tercera se quedará en Copiapó, cerca de la mina. Sin embargo, los vecinos apuestan a que sea la "Fénix 2", la que concretó el salvamento, la que se mantenga en el lugar.

"Lo ideal es que se quede acá, acá fue el accidente, es nuestra como así también otros elementos, como los cascos de los mineros", dijo Juan Ramírez, minero amigo de algunos de los operarios, tras asistir este domingo a una ceremonia religiosa a la que concurrió un grupo de los mineros para agradecer el rescate en pleno desierto de Atacama.

La cápsula no es el único elemento en disputa. Los alcaldes de la zona también buscan conservar objetos que poblaron el Campamento Esperanza, donde banderas, imágenes de santos y carteles conservaron el recuerdo permanente de los 33 mineros en los 69 días que estuvieron bajo la tierra.

Algunos, como la campana de la escuela que se improvisó para atender los niños del campamento, ya fueron traslados a la municipalidad de Copiapó, y lo mismo se planea hacer con una mesa con figuras religiosas que aún conserva restos de velas derretidas y servía de altar para los rezos de los familiares.

"La municipalidad busca conservar símbolos, banderas, las cosas que se usaron, cosas que fueron un símbolo del campamento", apuntó José Miguel Toledo, uno de los delegados de la municipalidad de Copiapó en el campamento.

Sentimientos encontrados. Banderas con fotografías de los trabajadores junto a mensajes de sus familias y hasta un muñeco con aspecto de minero fueron poblando el campamento y el domingo recibieron a 13 de los hombres en su reencuentro con la mina.

Muchos de los objetos fueron llevados por las familias, que tras el oficio religioso desmontaron las carpas en las que durmieron durante la espera que culminó este miércoles, al finalizar el complejo y exitoso rescate de los trabajadores.

Una bandera del club de fútbol chileno Colo Colo con frases de ánimo a los mineros y otra con la leyenda "Fuerza Omarcito" marcaban el sitio donde la familia del minero Omar Reygadas, de 56 años, durmió en un grupo de las cerca de 70 carpas que llegaron a conformar en un momento el Campamento Esperanza.

"Las banderas se las vamos a regalar a él, es un recuerdo y las carpas se quedan con las personas de la familia que las fueron trayendo", indicó el hijo de Reygadas, mientras su padre recorría el sitio.

También el presidente, Sebastián Piñera, quien en su gira por Europa ha regalado "símbolos" del accidente como piedras de la mina o una réplica del mensaje que confirmó que estaban vivos 17 días después del accidente, se ha referido a la necesidad de conservar un recuerdo físico de la tragedia.

El mandatario, quien se involucró personalmente en la historia, ha indicado que se analiza la posibilidad de construir un memorial en el sitio del campamento.

La conservación de objetos ligados al rescate es signo del fuerte interés que despertó la historia en todo el mundo, pero para familiares y miembros del rescate también responde a los lazos que gestaron con la espera compartida en la mina.

"Estoy feliz porque esto terminó bien pero siento nostalgia porque ya no volveremos más acá", apuntó Manuel Rivera, un empleado de la municipalidad de Copiapó quien realizó tareas como voluntario desde el 6 de agosto, un día después del accidente, mientras se desmantelaba el campamento.

"En este rescate nos conocíamos todos como una familia. Ojalá nos encontremos de nuevo pero en otra situación", indicó Rivera a metros de las banderas aún enclavadas en el campamento, entre los tonos ocres del extenso desierto.