El flamante presidente de Estados Unidos, Donald Trump, despidió a la fiscal general Sally Yates por haber ordenado a sus subordinados no defender el controversial decreto contra refugiados e inmigrantes e insistió que el Congreso apruebe la designación de Jeff Sessions, elegido por el magnate para ocupar ese puesto. ¿Pero quién es este hombre y porqué genera tanta resistencia?

Jefferson Beauregard Sessions III nació en Selma, ciudad del estado de Alabama que forma parte del cinturón del sur ultraconservador y con una historia de racismo extremo tan grande como su contrapartida: el lugar fue la cuna para la defensa del derecho al voto de los afroamericanos. Desde allí partió la marcha pacífica que fue violentamente reprimida por la policía y que marcó un punto sin retorno para los derechos civiles y la figura de Martin Luther King (la película Selma refleja muy bien la historia).

Sessions, que tenía 19 años cuando ocurrió la represión cerca del puente Edmund Pettus, se crió en esa tierra de rednecks y recibió una formación ultraconservadora tanto de su familia, de su educación en la Universidad de Alabama donde se graduó como abogado y de sus años en el Ejército de Estados Unidas.

Su gran salto en la política lo dio en 1981 gracias al entonces presidente Ronald Reagan, que lo eligió como fiscal por el Distrito Sur de Alabama y cinco años después, el mandatario republicano pensó en él para ser juez por la misma jurisdicción, pero esta vez el Senado no aprobó su pliego por sus comentarios racistas.

Durante la audiencia de confirmación se escuchó que Sessions trató de forma despectiva a Thomas Figures, un abogado auxiliar negro que trabajó con él, y que pensó que el Klu Klux Klan “estaba bien hasta que supo que fumaban marihuana". Además, siempre según las transcripciones reproducidas por los medios locales, el político calificó de “antiamericanas” a las ONGs que luchaban por los derechos de los afroamericanos.

El comité rechazó su designación por 10-8, con dos republicanos uniéndose a los demócratas para votar en contra, lo que no le impidió ser senador por Alabama desde 1997 hasta la fecha, obteniendo siempre más del 59% de los sufragios para renovar su escaño.

Sessions fue el primer senador en apoyar a Trump ya que comparte con el ahora presidente el impulso de políticas duras para impedir la inmigración irregular y el uso de la tortura contra los prisioneros. Además, al igual que el magnate, Sessions no cree en el cambio climático y en la regulación del Estado para reducir la emisión de gases contaminantes.

El 10 de enero pasado, la audiencia del Senado para ratificarlo como fiscal general se vio interrumpida varias veces por manifestantes que rechazan el nombramiento de Sessions y que portaron carteles que rezaban: “No a Trump, no al Ku Klux Klan y no a los fascistas en Estados Unidos".

Por su parte, Sessions dijo a los legisladores que está decidido a jugar un papel de contrapeso en el futuro gobierno de Estados Unidos y a decir "no" al millonario neoyorquino "si se excede" en su poder.

Aunque su pasado lo condena, poniendo blanco sobre negro, son los republicanos los que tienen mayoría en la Cámara y los que terminarán dando los votos necesarios para su designación.