"Ni Le Pen ni Macron". Esta consigna, surgida poco después de la primera vuelta presidencial en Francia, ya luce en las paredes parisinas y se entona en diversas marchas que cotidianamente se suceden en el país. La posibilidad de una masiva abstención electoral que incremente el caudal de votos de la ultraderecha alarma y tiene en vilo a los franceses en la última y crucial semana de campaña antes del balotaje del domingo.

En la primera vuelta del mes pasado, cuando el liberal independiente Emmanuel Macron superó a la ultraderechista Marine Le Pen, ahora su adversaria del balotaje, la tasa de participación fue de 77,77%, un 2% menos que el promedio de las últimas 10 elecciones.

Las encuestas predicen una cómoda victoria de Macron en la segunda vuelta, dado que el rechazo que generan las posiciones ultranacionalistas de Le Pen ha hecho que casi todos los otros candidatos que compitieron en el primer turno hayan llamado a votar por él.

La excepción es el ex candidato izquierdista Jean-Luc Mélenchon, quien cosechó más de 7 millones de votos y ha sido duramente criticado por haber dicho que irá a votar y que no lo hará por el Frente Nacional (FN) de Le Pen, pero sin revelar si lo hará por Macron o en blanco, otra eventualidad que beneficiaría a la candidata.

Si en el segundo turno del próximo domingo el electorado se dispersara más de lo esperado, Le Pen podría incrementar dramáticamente su nivel de apoyo, puesto que el mayor porcentaje de ausentismo en las urnas provendría de los electores de izquierda.

Asimismo, el día después del balotaje es feriado, porque se conmemora el armisticio de la Segunda Guerra Mundial, y un fin de semana largo en plena primavera es otro factor que podría aumentar el abstencionismo en un país donde votar no es obligatorio.

En la primera vuelta del 23 de abril, un total de 10.577.572 de los 47.591.118 franceses en edad de votar no se inscribieron o no fueron a votar, según el Ministerio del Interior.

Para contrarrestar esta posible y peligrosa abstención, se han multiplicado los llamados a votar, e incluso esta semana circuló en las redes sociales una portada falsa del diario izquierdista Libération anunciando un "triunfo" de Le Pen con el 50,25% debido a una abstención del 33%.

"Yo voté por Jean-Luc Mélenchon, no voté contra nadie. Aunque las opciones sean nefastas, ahora debo votar contra la ultraderecha, no queda otra", afirmó el parisino Kevin, de 35 años, hijo y hermano de sindicalistas de la CGT e ingeniero de sonido, quien se definió de "la izquierda de la izquierda y antifascista".

"Un facho siempre será un facho. Y más si su apellido es Le Pen. Ella es enemiga de los que amamos la diversidad. La prueba es que en París y otras ciudades, donde convivimos con los musulmanes, que ella odia, sacó menos del 5%", argumentó Kevin en declaraciones a Télam en un bar del señorial suroeste de la capital.

Mateo, un músico franco español de 42 años, contó que nunca se abstiene en una presidencial y que va a votar a Macron, y que no es necesario que se lo diga Mélenchon.

"Todo el mundo le hecha la culpa de una posible abstención a Mélenchon, pero el principal abstencionismo en Francia viene de los que no se inscriben para votar y después te vienen a cantar ´Ni Le Pen ni Macron´ y te tratan de cómplice del sistema", agregó el pianista "europeo" criado entre Barcelona, Bruselas y París.

Para votar en Francia es necesario empadronarse hasta tres meses antes de una elección. Con hacerlo una vez se adquiere el derecho a voto para siempre.

En la primera vuelta del 23 de abril, un total de 10.577.572 de los 47.591.118 franceses en edad de votar no se inscribieron o no fueron a votar, según el Ministerio del Interior.

La cifra equivale al 22,2%, un resultado intermedio entre lo obtenido por Macron (24%) y Le Pen (21.3%).

Si a estos votos nunca emitidos se suma el 2% (744.735) de los votos que fueron en blanco o nulos, el total superaría al de personas que votó por Macron por un 0,2%.

El humorista político Pierre Emmanuel Barré renunció la semana pasada a la radio publica France Inter por considerar que fue censurado un sketch suyo que pensaba realizar en directo, en el cual, más allá de apuntar con sorna hacia Macron, calificaba al "partido abstencionista" como la primera fuerza política de Francia.

"Diez millones de franceses no se inscribieron para votar, ellos deberían ir al balotaje contra Macron. Terminaron primeros y nadie habla de eso, resulta que los abstencionistas son los que ahora se niegan a votar a Macron. Yo voy a ir a votarlo aunque allané el camino a sus reformas liberales que van a destrozar nuestro sistema social", sostuvo el humorista en un video que finalmente filmó en su casa y que se viralizó en horas.

Hervé, fotógrafo de 33 años, nacido en Rennes, está inscrito en el padrón, pero, como en la primera vuelta, no irá a votar.
"Este escenario muestra la degradación y la podredumbre de nuestro sistema. No voy a ir a votar. Hace rato que no participo de esta farsa que valida un status quo inerte donde cada vez se pierden más derechos", sostuvo Hervé.

En cambio, Francois, de 36 años y videasta, sí votará.

"Detesto a Macron, pero la extrema derecha no tiene que llegar nunca al poder. Soñaba con una refundación del país con Mélenchon, pero tendremos que padecer todo lo contrario, más de lo mismo", contó, resignado.

Inclusive, reconoció que pese a su "rabia y desencanto", espera una amplia victoria de Macron.

"Es necesario que Macron saque una diferencia importante para que su gobierno sea fuerte y que el FN no siga creciendo. Si el resultado es cerrado todo será aún más incierto en las legislativas".

En línea con la forma de gobierno semipresidencialista del país, Francia celebra elecciones legislativas a dos vueltas el 11 y el 18 de junio próximo, y de la composición de la Asamblea Nacional (Diputados) dependerá el color político del primer ministro y su gabinete, que podría o no ser del mismo partido que el presidente.

De concretarse este atípico y complicado escenario llamado "cohabitación", el nuevo mandatario deberá convivir con un primer ministro de otra formación política o gobernar por "ordonnance" (decreto).