El candidato presidencial del Partido Patriota (PP), Otto Pérez Molina, se encuentra a la cabeza de la intención de voto en Guatemala, cuando apenas faltan 25 días para la segunda vuelta electoral, con el 55,8% de las preferencias.

Manuel Baldizón, presidenciable de Libertad Democrática Renovada (Líder), tiene el 44,2% de votos válidos, al descartar los nulos y en blanco.

La séptima Encuesta Libre, efectuada por la empresa Prodatos para PrensaLibre, fue elaborada entre el 4 y el 8 de octubre últimos, lo que significa que el sábado recién pasado aún se recopilaba información sobre la preferencia de los electores.

Para entrevistar a mil 204 guatemaltecos en el país se utilizó la boleta simulada, con los símbolos de los partidos y fotos de los binomios, tal como aparecerán el 6 de noviembre próximo.

El proceso

A lo largo de la campaña y de los estudios de opinión, Pérez Molina se ha mantenido al frente de las preferencias, aunque con una tendencia de leve descenso desde junio último, cuando alcanzó su mayor grado de popularidad -50,6% en la Encuesta Libre-, hasta llegar al 42,6% en la última medición, tan solo 6,5 puntos más que los obtenidos el 11 de septiembre -36,1-.

La historia de Baldizón es diferente. Su punto mínimo lo obtuvo en mayo —apenas 5.6 por ciento—, pero en los siguientes dos meses creció levemente, hasta que Sandra Torres abandonó la contienda electoral, al no ser inscrita como candidata presidencial por la coalición Unidad Nacional de la Esperanza y Gran Alianza Nacional (UNE-Gana).

Después de esos movimientos la preferencia por Baldizón se disparó del 9,6% al 20,8%, en agosto, para cerrar con el 22,7% el 11 de septiembre, durante los comicios generales.

Eduardo Suger, de Compromiso, Renovación y Orden (Creo), fue el principal rival de Baldizón a la hora de disputar el segundo lugar, pero no recibió el mismo beneficio cuando Torres dejó la campaña, ya que la mayoría de los supuestos votos para esta fueron para el candidato de Líder, pero no se evidenció que muchos se fueran para el presidenciable del PP.

Inclusive, Mario Estrada, de la Unión del Cambio Nacional (UCN) -cuarto en las elecciones generales-, y Harold Caballeros, de Visión con Valores (Viva) -quinto-, todavía obtuvieron cierto crecimiento, producto del rechazo jurídico a la candidatura de Torres, aunque se quedaron lejos de los punteros.

Baldizón, quien en su campaña ofrece el bono 15, muestra una tendencia ascendente, pero al momento de hacer las entrevistas no era suficiente para alcanzar a Pérez Molina, quien promete mayor seguridad.

El aspirante del PP trae una tendencia descendente, igual de leve, desde agosto último, cuando en las anteriores mediciones se preguntó a los entrevistados ¿por quién votaría en una eventual segunda vuelta entre los candidatos presidenciales del PP y Líder?.

Características. Para el politólogo Franco Martínez los números del PP muestran un decrecimiento en relación con anteriores mediciones, lo cual refleja cierto “acomodamiento ficticio” de los cuadros intermedios del comando de campaña, y un “ultraposicionamiento” de las ofertas de seguridad y empleo, debido a la agresividad propagandística respecto de la violencia en el país.

“Sin embargo, también arroja la clara división entre algunas filas patriotistas -Roxana Baldetti contra Alejandro Sinibaldi-, lo cual puede agudizar su baja en las mediciones futuras”, considera el analista.

Martínez asegura que el crecimiento de Baldizón es “progresista y acumulativo”, lo cual se traduce en un recambio de imagen política, contundencia discursiva con rasgos “populistoides, pero efectivos”; invisibilización mediática de su compañera de fórmula -Raquel Blandón-; el establecimiento de alianzas con partidos y dirigentes políticos, y el rechazo social a un gobierno presidido por un militar retirado.

“Ante la diferencia de 11,6 puntos porcentuales, que a mi criterio es muy alta, Baldizón seguirá reduciendo la brecha de manera sigilosa, fundamentalmente en la provincia, en áreas rurales con organización disciplinada de mujeres comunitarias y donde es clave el respaldo de partidos como la UNE, la UCN y las áreas urbano-marginales del cinturón metropolitano del partido Unionista”, agrega Martínez.

“Las alianzas -tanto para el PP como para Líder- se ven reflejadas simbólicamente, aunque no estadísticamente, debido a que el caudal electoral de las bases partidarias no es endosable”, indica Martínez, para quien “las alianzas de Pérez Molina y Baldizón son endebles, coyunturales y cargadas de una dosis alta de emotividad, empatía lucrativa y bursátiles políticamente. “Por lo tanto, no predomina en ellas la racionalidad y visión de Estado de largo plazo”, señala.

Efecto negativo. Geidy de Mata, directora de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de San Carlos (Usac), considera que al PP no le ha favorecido el cambio de estrategia porque, aunque leve, no ha podido frenar su descenso.

“A pesar del cambio de estrategia electoral, no ha contenido dicho descenso. Cuestiones como el acercamiento a personas de la tercera edad, el desarrollo social, fertilizantes, la sátira y crítica hacia el otro contendiente le han generado un efecto negativo, al no posicionar de manera adecuada los ejes fundamentales de su plan de trabajo”, comenta.

Añade que Líder continúa su tendencia al alza. “La cruzada nacional como estrategia electoral ha sido efectiva y sigue sumando liderazgos que generan posibilidades de atracción de votos, lo cual refleja capacidad para construir consensos con diversas posturas ideológicas”, asegura De Mata.

La académica proyecta que aún podría haber variación, porque la distancia es menor, y el resultado dependerá de la capacidad logística y operativa de cada organización política que respalde a cada binomio.

La politóloga observa poca incidencia de alianzas en el PP, en virtud de que se refleja tendencia al descenso, mientras que Líder muestra una inclinación positiva que incrementa su intención de voto.

Posibles variables. El politólogo Jorge Alvarado indica que dependerá de la capacidad de persuasión de ambos aspirantes, por medio de sus mensajes, para que se registren variaciones antes de la segunda vuelta.

“Los cambios que podrían darse se definirán por dos aspectos fundamentales: emotividad y racionalidad. Ambos son un complemento, pero debe valorarse más lo racional y analizar lo que es viable y lo que no”, comenta Alvarado.

Agrega que todo se trata de que los electores tengan argumentos sólidos que definan su voto, porque de lo contrario la emotividad se queda solo en promesa “y como dice el dicho: las palabras se las lleva el viento”.