Río de Janeiro. En su primer evento público desde que asumió el cargo el 1 de enero, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, vio directamente a los afectados por una inundación masiva y deslizamiento de tierras en la montañosa región del noroeste de Río de Janeiro.

El desastre es la primera gran prueba para la presidencia de Rousseff. También es una prueba para las autoridades estatales, quienes prometieron terminar con las construcciones ilegales que han contribuido a elevar el número actual de muertos a 355.

"No sólo es un desastre natural, sino también un problema causado por la ocupación irregular de tierras", dijo Rousseff.

Los códigos de construcción son rara vez aplicados en las áreas rurales y pobres de Brasil, en las que existen numerosos barrios pobres construidos al apuro.

El gobierno de Brasil incluyó 11.000 millones de reales (US$6.600 millones) en su último programa de construcción de infraestructura para mejorar el drenaje y prevenir deslizamientos de tierra en áreas consideras en riesgo, dijo Rousseff.

Por ahora, la atención se concentra en las actividades de rescate y socorro. La presidenta Rousseff ya ha entregado 780 millones de reales en fondos federales para los esfuerzos de rescate en Río de Janeiro y São Paulo, ciudad que también se ha visto afectada esta semana por fuertes lluvias.