Washington. El presidente Barack Obama verá este martes la aprobación de la histórica legislación de reforma de salud, una victoria ganada con esfuerzo que ayudará a forjar su legado y las oportunidades de los demócratas para mantenerse en el poder en el Congreso estadounidense.

Obama firmará la iniciativa para reformar el sector de salud de 2,5 billones de dólares, y luego hablará en una ceremonia con legisladores, en la culminación de una campaña de un año que hizo caer sus cifras de aprobación.

Asesores han descrito una atmósfera eufórica en la Casa Blanca, luego de que la Cámara de Representantes aprobó por un escaso margen la iniciativa, que los analistas habían pronunciado como casi muerta hace sólo unas semanas.

Obama arriesgó su reputación y traspasó su energía a la aprobación del proyecto, llegando a cancelar un viaje planeado a Indonesia y Australia.

Su intensa atención en el tema atrajo las críticas de algunos demócratas que se mostraban preocupados por la posibilidad de que la reforma de salud se estuviera convirtiendo en una distracción de la necesidad de reparar la economía y crear más empleos.

Pero con un importante logro en sus manos, Obama ahora podrá responder a los críticos que han sugerido que tiene poco que exhibir tras 14 meses en el cargo.

Sin embargo, la victoria podría tener un costo. Los estadounidenses se han mostrado poco entusiastas respecto a la reforma y los republicanos esperan aprovecharse de esto en las elecciones legislativas de noviembre, donde buscarán superar o al menos reducir las mayorías demócratas en el Congreso.

Los republicanos dicen que su molestia respecto a la aprobación de la iniciativa podría hacer menos probable que trabajen junto a los demócratas en otros temas como la legislación sobre cambio climático y la reforma inmigratoria.

La ceremonia posterior a la firma y un viaje planeado de Obama a Iowa el jueves le ofrecerán una oportunidad para celebrar la victoria y para tratar de convencer a los estadounidenses sobre los beneficios de la iniciativa.

La reforma extenderá la cobertura de salud a 32 millones de estadounidenses, ampliará el plan de salud de gobierno para los pobres, impondrá nuevos impuestos a quienes tienen mayores ingresos y prohibirá prácticas como el rechazar cobertura a personas con condiciones médicas preexistentes.

La reforma marca el mayor cambio en el sistema de salud estadounidense desde la creación en 1965 del programa Medicare para ancianos y discapacitados, y cumple un objetivo que los demócratas no habían logrado alcanzar desde el intento fallido de reforma del presidente Bill Clinton en 1994.