"Hoy no tenemos mucho de qué hablar con Turquía. Durante mucho tiempo discutimos para firmar unos protocolos (para restablecer las relaciones diplomáticas), pero el Parlamento turco no los ratificó. Entonces, ¿de qué vamos a hablar?", explicó el mandatario esbozando una sutil sonrisa.

Sargsian recibió a Télam y a otros dos medios argentinos en un hotel porteño luego de una intensa jornada que incluyó un acto en el Palacio San Martín con el vicepresidente, Amado Boudou, y varios ministros nacionales, y otro con el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri.

Relajado, sin traje ni corbata y con un tono de voz suave e inalterable, el presidente armenio no proyecta la imagen de "héroe militar" por la que lo conocen muchos de sus compatriotas.

Hace más de dos décadas, Sargsyan fue uno de los líderes militares armenios en la guerra contra Azerbaiyán por el territorio de Nagorno Karabakh.

Ese conflicto terminó con la creación de una república pro armenia no reconocida internacionalmente dentro de Azerbaiyán y, para Sargsyan, fue un trampolín hacia los máximos cargos de defensa y seguridad de Armenia.

Armenia, como muchas de las ex repúblicas soviéticas, hace años que está tironeada por la ex superpotencia vecina y la siempre expansiva UE, que promete el estilo de vida europeo pero pocos beneficios comerciales y económicos concretos.

Lejos del dramatismo de la guerra y las formas categóricas de la vida militar, el líder de 60 años que hace más de seis que ocupa la Presidencia de su país evita las declaraciones resonantes.

Haciendo gala de su moderación, el mandatario sostiene una y otra vez que no elige ni a Rusia ni a Europa. "Elegimos a los dos", dijo y sacó a relucir de nuevo su leve sonrisa.

Sin embargo, en el plano de las acciones Sargsyan se ha mostrado menos conciliador.

En 2013 el mandatario sorprendió a la Unión Europea (UE) al anunciar que suspendía las negociaciones para firmar un Acuerdo de Asociación, el mismo tratado de libre comercio (TLC) que desató ese mismo año una crisis política en Ucrania que desembocó en el actual conflicto armado.

Al mismo tiempo que él anunciaba esa decisión, su gobierno adelantaba que comenzaría a tramitar el ingreso a la Unión Aduanera de Eurasia, el bloque que lidera Rusia e integran Bielorrusia y Kazajistán.

Sargsyan explicó que no quiso "rebajar ni cortar la relación con la Unión Europea", pero que tomó una decisión "por simple cálculo económico".

"Hace décadas que tenemos una relación fluída con Rusia y no podemos cortarla", sentenció el mandatario.

Según explicó, "es imposible para Armenia" colocar en la UE los mismos productos agrícolas y las mismas manufacturas que hoy exporta a un precio competitivo a Rusia.

Además, agregó, su país es completamente dependiente de Rusia e Irán en materia energética, y Moscú ofrece el gas con un 30% de descuento a los miembros de la unión aduanera.

Armenia, como muchas de las ex repúblicas soviéticas, hace años que está tironeada por la ex superpotencia vecina y la siempre expansiva UE, que promete el estilo de vida europeo pero pocos beneficios comerciales y económicos concretos.

Pero la ubicación geográfica de este pequeño país de poco más de tres millones de habitantes y una superficie apenas mayor que Tucumán, no es su único problema.

Al Oeste Armenia tiene su frontera con Turquía cerrada desde hace más de dos décadas y al Este lo mismo sucede con Azerbaiyán.

Sólo le queda una estrecha frontera al sur con Irán y una más amplia al norte con Georgia, un país que ya pidió ingresar a la alianza militar de la OTAN, que recientemente firmó un TLC con el bloque europeo y que avanza para ingresar a la UE como miembro pleno.

"Con los europeos vamos a seguir negociando una opción que no interfiera con nuestra integración en la unión aduanera" con Rusia, aclaró el mandatario, reafirmando su espíritu moderado.