Brasilia. La visita del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, a Irán este fin de semana para ayudar a mediar en la disputa por el programa nuclear de la República Islámica podría ser la mayor apuesta de Brasil hasta la fecha en su búsqueda de un mayor peso diplomático.

El gigante latinoamericano, que tiene un puesto temporal en el Consejo de Seguridad de la ONU, se opone a una nueva ronda de sanciones contra Irán por su programa de enriquecimiento de uranio y afirma que esas medidas generalmente afectan a los más pobres y que podrían radicalizar aún más a Teherán.

"No es prudente acorralar a Irán", declaró recientemente Lula, quien ha viajado a más de 80 países como presidente en un intento por fortalecer el perfil de Brasil ante la comunidad internacional.

En su viaje de dos días a Teherán, el carismático Lula tratará de persuadir a su homólogo iraní, Mahmoud Ahmadinejad, para que reconsidere una propuesta de la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA, por su sigla en inglés), bajo la cual Irán enviará uranio pobremente enriquecido al extranjero y recibiría a cambio un uranio de más alto grado.

Si los esfuerzos rinden frutos, Lula podría atribuirse el crédito por ayudar a desactivar una crisis de seguridad mundial.

Pero si Irán pone obstáculos, los escépticos probablemente dirán que Teherán simplemente estaba explotando los sueños de grandeza global de Brasil para retrasar las sanciones.

"Los buenos oficios son siempre bienvenidos, pero si Brasil ayuda a bloquear sanciones, será un problema serio", afirmó Rubens Barbosa, ex embajador de Brasil en Washington.

"Esté o no en lo cierto, el tema está en la agenda global y Brasil está en el medio", agregó.

El viaje de Lula a Irán refleja la ambición de Brasil por convertirse en líder en asuntos globales, algo apropiado para una de las 10 mayores economías del mundo.

Analistas y diplomáticos concuerdan en que el objetivo de Brasil es ser visto como un poder no alineado, con voz independiente.

Brasil compara la situación en desarrollo en Irán a lo que sucedió en Irak, acusado erróneamente de tener armas de destrucción masiva antes de ser invadido por Estados Unidos.

Territorio desconocido para Brasil. Brasil, ansioso de mejorar sus posibilidades de ocupar un sillón como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, ha tomado en años recientes un rol prominente en el comercio internacional y en negociaciones medioambientales, así como también en los esfuerzos de pacificación en Haití, Honduras y otros lugares.

Sin embargo, en Irán Lula estará incursionando en una región en la que Brasil es visto como un forastero distante y en la que otras potencias mundiales con más influencia han fallado en mediar una solución.

Lula podría encontrar algo de estímulo en Moscú, su primera parada en un viaje de una semana que también lo llevará a España y Portugal.

Rusia y China, miembros del Consejo de Seguridad de la ONU con derecho a veto, han dicho que están dispuestos a darle a Brasil y Turquía más tiempo para reanudar el acuerdo de intercambio de combustible nuclear.

Pero si al final Irán ha usado a Brasil para posponer sanciones mientras continúa con un programa de armas nucleares, Lula será visto como crédulo y, lo que es peor, incluso como un cómplice no intencional de un Estado "paria" que busca crear una bomba nuclear.

Ese escenario echaría por tierra cualquier posibilidad de Brasil de obtener un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, que ha sido lo que ha guiado su política exterior en los últimos años.

Washington, que está presionando por nuevas sanciones de la ONU contra Irán, parece escéptico respecto a que Brasil pueda mediar un acuerdo.

"Nunca hemos dudado de la seriedad (de) Brasil, Turquía u otros países que tienen la capacidad de comunicarse con Irán. Muchos de ellos han ido a Teherán y han vuelto con las manos vacías", dijo en una rueda de prensa el subsecretario de Estado de Estados Unidos, Philip Crowley, el 6 de mayo.

Brasil dice que concuerda con Washington respecto a que Irán debe cumplir con regulaciones internacionales de energía atómica, pero afirma que el diálogo es más efectivo que las sanciones.

El Gobierno de Lula también niega cualquier sentimiento anti estadounidense.

"La primera persona en pedirle al presidente Lula que se involucrara en el tema de Irán fue el presidente (de Estados Unidos, Barack) Obama", dijo la semana pasada a Reuters el ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Celso Amorim.