Sao Paulo. El presidente brasileño Michel Temer dijo este martes que no existe ninguna posibilidad de que una protesta nacional de camioneros, que ha paralizado a la mayor economía de América Latina, desencadene un golpe militar y derribe su gobierno.

En declaraciones a un pequeño grupo de periodistas extranjeros durante un foro sobre inversiones en Sao Paulo, Temer desestimó preguntas sobre los riesgos de una intervención militar.

La protesta de los camioneros que ya se extiende por nueve días contra un alza en los precios del diesel ha vaciado las carreteras y dejó a las grandes ciudades con escasez de comida, gasolina y suministros médicos. La protesta nacional ha continuado a pesar de que Temer ofreció una serie de concesiones durante el fin de semana.

Algunos camioneros movilizados han pedido una intervención militar, un asunto muy debatido en las redes sociales, y ciertos grupos marginales que quieren que los militares tomen el mando han sido una presencia constante durante muchas protestas políticas de los últimos años.

"Hay cero posibilidad de una intervención militar", dijo Temer a través de un traductor. "Lo que veo es un rechazo tanto en el ministerio de Defensa como en las fuerzas militares a cualquier tipo de intervención militar".

"Lo que veo es un rechazo tanto en el ministerio de Defensa como en las fuerzas militares a cualquier tipo de intervención militar", aseguró el presidente Temer.

Las encuestas señalan que Temer es el presidente menos popular desde que terminó la dictadura militar en Brasil (1964-85). Temer sigue bajo investigación por casos de corrupción.

Si la fiscal general brasileña Raquel Dodge decide acusar a Temer, dependería de un voto en el Congreso si Temer puede ser juzgado o no por la Corte Suprema. Temer se libró el año pasado de dos acusaciones de corrupción.

No está claro, sin embargo, si aún tiene apoyo entre los legisladores para sobrevivir a una potencial nueva acusación, especialmente de cara a las elecciones generales de octubre mientras, en las encuestas, los brasileños manifiestan su profunda desafección con los políticos.

Postura firma. El gobierno de Brasil ha comenzado a adoptar una postura más firme respecto a la protesta de camioneros, amenazando con tomar medidas enérgicas contra los supuestos agitadores políticos que contribuyen a la crisis. El ministro de Seguridad Pública, Raul Jungmann, prometió fuertes multas a las distribuidoras que apoyan la huelga.

Los bloqueos en las carreteras y la escasez de combustible también han paralizado a las industrias, desde la automotriz hasta el procesamiento de la caña de azúcar, e impactado los envíos de carne de res, soja, café y otros productos.

La reguladora del sector de hidrocarburos de Brasil, ANP, dijo que la distribución de combustible comenzó a mejorar en ciudades como Rio de Janeiro y la capital Brasilia, pero seguía siendo escasa en varios otros lugares, incluido el centro de negocios Sao Paulo.