Asunción. El presidente paraguayo, Fernando Lugo, recordó este martes el segundo aniversario de su histórica victoria en las urnas, reconociendo que no llenó la totalidad de las expectativas ciudadanas, en medio de críticas por los resultados poco perceptibles de su gestión.

La popularidad del ex obispo católico que acabó con más de seis décadas de gobierno del conservador Partido Colorado, cayó moderadamente desde que asumió la presidencia con cerca del 70% de aceptación.

La mayoría califica hoy a su gobierno como regular, según los últimos sondeos de opinión.

En una entrevista con la televisión, Lugo dijo que los organismos estatales no tuvieron la capacidad de respuesta adecuada para satisfacer las grandes expectativas de la población, pero que el balance final de los últimos dos años fue "bastante positivo".

"No vamos a pedir paciencia ni nos vamos a excusar de la ciudadanía por la velocidad de las respuestas que ellos esperaban y que nosotros no hemos respondido. Yo creo que hubo avances, creo que la gran mayoría todavía mantiene intacta la ilusión", dijo el presidente al Canal SNT.

Los partidos y movimientos que apoyan a Lugo esperan reunir más tarde el martes a unas 20.000 personas en Asunción en una manifestación para conmemorar la fecha, en la que no participará la facción del vicepresidente Federico Franco, quien mantiene constantes roces con el gobernante de izquierda.

"No fuimos invitados", dijo Franco, quien el pasado domingo organizó su propia caravana de automóviles y reunió a unos 2.000 adherentes en el centro de Asunción bajo la consigna de exigirle al presidente un cambio de rumbo.

Gobernabilidad. Lugo prometió mejorar la calidad de vida de una mayoría pobre y acabar con décadas de corrupción en la administración del Estado, pero no pudo articular alianzas políticas que le permitan ejecutar sus planes y gobernar con tranquilidad.

El gobierno puso en marcha varios proyectos sociales y atacó la corrupción enquistada en algunos ministerios pero muchos de los que apoyaron "el cambio" se mostraron decepcionados.

Para el sociólogo José Nicolás Morínigo, el presidente tuvo una suerte de deterioro en su imagen moral por las denuncias de paternidad de tres mujeres, dos de las cuales llevaron sus casos a la justicia, y el reconocimiento de un hijo producto de una relación cuando todavía era obispo católico.

Aplacado el revuelo, los cuestionamientos fueron en torno a su capacidad de liderazgo para manejar temas delicados como recientes denuncias de corrupción contra funcionarios, la intrincada relación con el vicepresidente y los constantes roces con el Congreso de mayoría opositora.

"Creo que Lugo tendría que dejar de pensar en términos de mediano y largo y ajustarse a la expectativa que tiene y la responsabilidad respecto a este tiempo", dijo Morínigo a Reuters.

"Lo segundo es que funcionen las instituciones. El Parlamento es una institución y hay que establecer un diálogo", añadió en referencia a los intentos de establecer una agenda coordinada entre ambos poderes que naufragaron el último año.

El Congreso interpeló a más funcionarios del gobierno de Lugo que de ninguna otra administración, rechazó la designación de al menos cinco embajadores y la contratación de algunos créditos, además de recortar el presupuesto de programas sociales.

"Creo que hubo en ciertos aspectos mucha irracionalidad en el Parlamento. Pero nosotros seguiremos insistiendo en las propuestas y proyectos de ley que necesitamos", aseveró Lugo.