Buenos Aires. La presidenta argentina, Cristina Fernández, puede estar lamentando haber apoyado una reforma electoral que determinó que las primeras votaciones primarias del país se realicen diez semanas antes de que se presente para la reelección.

Fernández, de centro-izquierda, es la favorita para ganar un segundo mandato en las elecciones presidenciales del 23 de octubre de este año, lo que vuelve innecesarios a los comicios internos obligatorios del mes próximo.

El apoyo del 45 % de los votantes garantizaría una victoria en la primera vuelta, y conseguir ese caudal de sufragios frente a los nueve opositores en las primarias, prácticamente, aseguraría su reelección.

Pero los comicios internos también podrían debilitar su aura de invencible y ayudar a unificar el voto opositor alrededor del candidato más fuerte.

"Al que menos le favorece es al oficialismo", dijo Mariel Fornoni, directora de la encuestadora Management & Fit. "Está instalado (entre los electores) que tienen 10 millones de votos para ganar en primera vuelta y si sacan menos sería un papelón", agregó.

Cualquier señal de que Fernández podría no ganar en primera vuelta en octubre probablemente impulse los precios de los bonos y de las acciones argentinas, ya que los inversores podrían considerar que un candidato más amigable con el mercado tiene la posibilidad de quitarle el puesto.sostiene

Las elecciones primarias de Argentina perdieron su propósito porque ninguno de los candidatos presidenciales, incluida Fernández, está en duda dentro de sus respectivos partidos.

La votación es obligatoria, pero la confusión que existe sobre el procedimiento electoral generó preocupación y la asistencia podría ser baja.

Muchas encuestas dan a Fernández el apoyo de al menos el 40%, con un amplio liderazgo sobre su principal rival, el diputado de centro Ricardo Alfonsín.

Según dispone la ley electoral, ella se asegurará un segundo mandato si gana con el 45% de los votos, o con el 40% más una diferencia de diez puntos sobre el segundo candidato con más sufragios.

En un discurso por el Día de la Independencia la semana pasada, Fernández urgió a los votantes a participar.

"No importa para quién sea su voto. Lo importante es que este 14 de agosto también vayan a poner su presencia para saber que de ahora en más no deciden más las burocracias políticas, sino que deciden también los argentinos en cada una de esas elecciones", expresó.

La bien aceitada maquinaria del partido peronista gobernante podría facilitarle a Fernández conseguir apoyo en las urnas, dijo el consultor político Federico Thomsen.

Fernández, que ha desconcertado a inversores con medidas sorpresivas como la nacionalización en el 2008 de los fondos privados de pensión, promete profundizar las políticas de izquierda iniciadas hace ocho años por su marido y predecesor en la presidencia, Néstor Kirchner.

Un crecimiento económico del 9% anual y la falta de un candidato fuerte de la oposición ayudaron a Fernández a recuperarse de un complejo conflicto que tuvo con el sector agrario, que la dejó con una tasa de aprobación del 20% en el 2008.

También la muerte de su esposo, en octubre del año pasado, llevó la tasa de aprobación de Fernández a superar el 50%.

Cuando la mandataria anunció la propuesta para introducir las primarias hace dos años, los críticos dijeron que era una táctica que apuntaba a allanar el camino para el regreso de su marido al poder, confirmando la autoridad de la pareja sobre un fraccionado partido peronista.

Pero la muerte de Kirchner y la recuperación de Fernández en las encuestas consolidaron su control.

Elecciones provinciales. Los votantes tendrán que elegir entre diez candidatos presidenciales el 14 de agosto, sin importar a qué partido pertenezcan. Si los candidatos no logran conseguir el 1,5% de los votos, no podrán competir en octubre.

En las semanas previas a las elecciones primarias, se espera que los aliados de Fernández sufran derrotas en las elecciones locales de la ciudad de Buenos Aires y las provincias agrícolas clave de Santa Fe y Córdoba, regiones donde su partido históricamente tiene dificultades.

Estos distritos representan el 25% de los 40 millones de habitantes del país, y algunos comentaristas dijeron que los resultados de esas elecciones podrían influenciar el humor de los votantes.

"Estas elecciones provinciales van a tener influencia sobre el voto en octubre", dijo Jorge Raventos, un sociólogo y autor que es generalmente crítico del Gobierno.

Pero algunos argentinos que apoyarán a figuras de la oposición en el plano local aún planean votar por Fernández el 23 de octubre, lo que significaría que las primarias son el indicador más fuerte del resultado de las elecciones presidenciales.

"Pueden considerar que no le queda otra (con las primarias) (...) Pero si le va bien y a la oposición le va mal, entonces el debate se termina ahí", sostuvo Daniel Kerner, analista del Eurasia Group.