Rousseff debe emerger ahora de las sombras de Lula y superar la percepción de algunos brasileños de que posee poca experiencia propia.

El titular del lunes del diario O Estado de S. Paulo era simplemente: "La victoria de Lula".

En una señal del cambio de guardia, Lula bajó el perfil tras el anuncio del triunfo de Rousseff este domingo, dejándola disfrutar del momento en el que se convirtió en la primera mujer en ganar elecciones presidenciales en Brasil.

"Es histórico. Brasil eligió a un obrero de fábrica y ahora a una mujer. Dilma será una madre para el pueblo brasileño", dijo Ivoni Block, un trabajador del Gobierno que celebraba los resultados electorales en Brasilia.

Los mercados financieros ven el ascenso de Rousseff a la presidencia como algo esperable y posiblemente reaccionarán con calma este lunes. A largo plazo, sin embargo, a los inversores les preocupa que Brasil pueda sufrir por la insistencia de Rousseff en que la economía no necesita grandes reformas para mantener su robusto crecimiento.

"Esperamos una continuidad de las políticas económicas decentes llevadas a cabo por Lula, pero desafortunadamente parece que no habrá espacio para las reformas estructurales que Brasil necesita para optimizar el gasto público", dijo Alberto Bernal, jefe de investigación de Bulltick Capital Markets.

Rousseff heredará una economía que está entre las más importantes de los mercados emergentes, pero que podría verse en problemas para mantener su enorme ritmo de expansión mientras intenta echar abajo barreras como la pobre infraestructura o la sofocante burocracia.