Bogotá. El Gobierno de Colombia retomó esta semana la accidentada negociación de paz con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), pero sellar un acuerdo similar al alcanzado con las FARC no será cosa fácil con un grupo rebelde más radical, con una cadena de mando difusa y disenso entre sus filas.

El presidente Juan Manuel Santos ganó el premio Nobel de la Paz después de haber logrado que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el mayor grupo guerrillero activo entonces en el continente, firmaran en 2016 un acuerdo para desmovilizarse y convertirse en un partido político.

Pero para acabar por completo con un conflicto que ha desangrado durante cinco décadas a Colombia, dejando más de 220.000 muertos, millones de desplazados y una sociedad profundamente herida, el Gobierno necesita pactar con el ELN.

"No es un proceso fácil, pero es un proceso que vale la pena y si es exitoso va a garantizar que ahorremos miles de vidas perdidas y mucho sufrimiento", dijo el alto comisionado para la paz, Rodrigo Rivera.

El grupo rebelde, acusado de financiarse del secuestro, la extorsión, el narcotráfico y la minería ilegal, ha dialogado sobre la posibilidad de un acuerdo de paz en el pasado con otros gobiernos, pero fueron infructuosos por su intransigencia.

Las negociaciones comenzaron en Ecuador en febrero del 2017, pero no han registrado más avances que un precario y temporal cese al fuego bilateral de más de tres meses.

"Al mando del ELN están los sectores más radicales, no nos hacemos muchas ilusiones porque sabemos qué pasa y qué se puede esperar de ellos", dijo a Reuters Carlos Velandía, un antiguo comandante de ese grupo rebelde que renunció a la lucha armada tras pagar 10 años de cárcel y ahora es gestor de paz.

Para el analista Ariel Ávila la compleja estructura de mando y las contradicciones dentro del ELN, con 2.000 combatientes, quedaron al desnudo recientemente cuando hablaba de paz y a la vez atacaba al Ejército y a la infraestructura petrolera.

"El ELN tiene una forma más complicada de tomar decisiones, mucho más horizontal y eso complica el avance de una negociación", explicó.

Músculos para negociar. Santos ordenó reanudar el lunes los diálogos con el ELN luego de que el grupo decretó un cese al fuego unilateral por las elecciones legislativas y consultas presidenciales. El presidente había suspendido las conversaciones cuando acabó una tregua bilateral y aumentaron los ataques del grupo.

Pero en los dos meses que el diálogo estuvo en pausa, recrudecieron los ataques: 34 rebeldes y 19 militares murieron.

"El ELN ha pensado erradamente que a través de acciones más visibles de terror podría adquirir un mejor músculo para negociar en la mesa. Eso es un gran error estratégico", dijo el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas.

El grupo rebelde, acusado de financiarse del secuestro, la extorsión, el narcotráfico y la minería ilegal, ha dialogado sobre la posibilidad de un acuerdo de paz en el pasado con otros gobiernos, pero fueron infructuosos por su intransigencia.

A diferencia de las FARC, que tenían una estructura de mando muy vertical y una fuerza más disciplinada, en el ELN los sectores más radicales, según Velandia, han ganado más poder por los tropiezos y retrasos en el proceso con las FARC.

Aunque el ELN anunció que está dispuesto a pactar otro cese al fuego bilateral, que controla a sus filas y que no se levantará de la mesa de negociación, el futuro es complicado por el poco margen de maniobra de un gobierno que va de salida.

"Ellos lo que quieren es mantener la mesa y esperar el próximo gobierno. Va a ser muy difícil que avance la negociación porque los frentes actúan muy independientemente, no hay una cohesión aunque dicen que tienen unidad de mando", dijo Jaime Fajardo Landaeta, experto en temas de conflicto.