El hombre enérgico e incansable que daba largos discursos ya no es el mismo: habla poco, se muestra menos y dice que nunca ha amado tanto la vida como ahora.

Hugo Chávez enfrenta la batalla más dura de su vida. Único líder de un gobierno centrado en su figura, estuvo menos de dos semanas en Caracas antes de partir nuevamente a Cuba para iniciar la quimioterapia contra el cáncer, un escenario que hace tambalear su propósito de ser reelegido para un nuevo mandato en 2012 y que deja en evidencia que el chavismo, al día de hoy, no tiene un plan de relevo en el caso de que el mandatario se vea obligado a ceder las riendas.

“Se abre un período de turbulencia política en Venezuela. Hemos llegado a un punto de no retorno, porque, al final, el mensaje latente que debe haber quedado en el oficialismo es si está listo el relevo. La respuesta ahora es no”, dice el politólogo John Magdaleno, del prestigioso Instituto de Estudios Superiores de Administración de Caracas (IESA).

Hay tres escenarios posibles, según el analista. El primero es que Chávez tenga un cáncer tratable, que reasuma cabalmente las funciones de gobierno y enfrente la campaña presidencial como el político de siempre; el segundo es que la enfermedad esté avanzada y un Chávez más disminuido se convierta en un símbolo con una fuerte conexión emocional con las masas. Por último, que la enfermedad le impida ser candidato y participar de la campaña.

“El oficialismo estaría sometido al dilema de qué hacer: si continúa hasta el final con el símbolo de Chávez o abre un proceso de consulta interna que podría desembocar en un proceso de primarias”, dice Magdaleno. “Yo no descarto eso, aunque no hay ningún sucesor que reúna, que cohesione por sí solo, a toda la fuerza del oficialismo”.

El tumor X. Diagnosticado tempranamente, el cáncer linfático que padecía la entonces ministra Dilma Rousseff no obstaculizó su exitosa campaña presidencial en Brasil, mientras que el presidente paraguayo Fernando Lugo evoluciona positivamente de otro similar. Del tumor de Chávez, en cambio, no se conoce su ubicación ni el efecto que tuvo en su organismo, aunque antes de partir a Cuba el presidente aseguró que no hay metástasis. Lo que sí está claro, sin embargo, es que el cáncer derrumbó su imagen de hombre fuerte.

A los 57 años, Chávez es presidente de la República, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y máximo líder del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Y, tal como en junio, cuando fue operado del tumor en La Habana, seguirá ejerciendo su rol de jefe de Estado durante la quimioterapia, aunque esta vez haya delegado algunas atribuciones en su vicepresidente.

La pregunta es si hay posibilidad de un ‘chavismo sin Chávez’. En Argentina esta fórmula aplicada al peronismo desembocó en una dictadura militar, pero el escenario venezolano de hoy es distinto.

Uno de los primeros nombres que comenzaron a sonar como relevo es el de Adán Chávez, hermano mayor del presidente. Estuvo en varios actos públicos y en La Habana tras la operación del tumor, levantando la imagen de una sucesión familiar al estilo de los hermanos Castro. Ex embajador en Cuba, ex ministro y actual gobernador del estado de Barinas, la tierra natal de los Chávez, Adán es miembro del ala dura del chavismo y sus recientes declaraciones, planteando la posibilidad de la lucha armada, sacaron chispas en el escenario político venezolano. Forma parte del círculo de confianza de su hermano, aunque nunca ha sido un númeo dos del gobierno.

Nicmer Evans, cientista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela, sostiene que el reto actual del oficialismo es la formación de cuadros que garanticen “la continuidad y profundización” del legado de Chávez. “La enfermedad del presidente ha convocado a una muy seria reflexión de si la revolución bolivariana y socialista depende o no sólo del liderazgo del comandante”, escribe en una columna de opinión.

Otros nombres destacan en el mapa del chavismo, aunque ninguno con la popularidad, el carisma ni la conexión con las bases que tiene el jefe de Estado: el vicepresidente Elías Jaua, el canciller Nicolás Maduro, el ex ministro y actual diputado Diosdado Cabello o el ministro de Petróleo Rafael Ramírez, presidente de la estatal Pdvsa.

“En el chavismo no hay una sucesión clara”, asegura Luis Vicente León, director de la reconocida encuestadora Datanálisis. “Y no hay que ser demasiado perspicaz para pensar que hay batallas internas por el poder”, señala este analista, que considera que el mayor problema que enfrenta Chávez es que quien lo releve tenga el mismo poder electoral que él: “Puedes nombrar un sucesor a dedo, pero qué harás con el tema electoral. Ahí las cosas cambian porque ninguna figura se compara a Chávez”.

“La forma de gobierno de Chávez, absolutamente personalista, no crea un movimiento chavismo-masa, sino Chávez-masa. El movimiento no se está endosando a otro líder y eso complicaría a un sustituto”, explica León.

Pero la noticia del cáncer también sacudió a la oposición, que ha mantenido una postura cautelosa aunque firme para insistir en que los problemas de Venezuela –alta inflación, crisis eléctrica, una economía que recién está dejando la recesión y dramática violencia urbana– van más allá del estado de salud del presidente. El mayor riesgo para este bloque es que un Chávez enfermo aliente aspiraciones individuales que quiebren el frágil equilibrio de la Mesa de la Unidad (MUD), una heterogénea alianza de partidos unidos por la aversión a Chávez.

Henrique Capriles, gobernador del populoso estado, Miranda y, según las encuestas, el único líder opositor que podría hacerle el peso a Chávez en la contienda presidencial, confirmó que las primarias para elegir al candidato opositor serán en febrero.“La oposición es un grupo heterogéneo sin visión común ni propuesta única, y aun ganando las primarias, ningún candidato puede ganar la elección sin una gran unidad”, señala Luis Vicente León.

Otros de los aspirantes son Antonio Ledezma, alcalde metropolitano de Caracas, y la diputada María Corina Machado. También Manuel Rosales, quien perdió contra Chávez en las presidenciales de 2006, fue acusado de enriquecimiento ilícito y hoy está exiliado en Perú.

Chávez ha hablado de “abismos” y de “resurrección” y dice que seguirá muchos años más como presidente de Venezuela. La dolencia y la recuperación quizás le den el impulso y la fuerza que había perdido en el último tiempo como cabeza de un gobierno desgastado. Es posible, incluso, que vuelva a ser como antes, aunque la duda sigue latente en este país dividido por la política.“Seguiré transitando esta nueva etapa de mi vida con la más grande voluntad de vivir junto a ustedes. No es tiempo de morir, es tiempo de vivir”, declaró antes de partir a Cuba, quizás pensando en que su vida y la de la revolución bolivariana sólo podrán caminar juntas.