El oficialista Partido de los Trabajadores acusó de golpista al ex mandatario y líder opositor Fernando Henrique Cardoso, luego de que éste sugirió la renuncia de Dilma Rousseff tras la multitudinaria marcha que exigió su juicio político.

"Cardoso se prestó a un juego político bajo cuando actuó como un incendiario y golpista", afirmó en un comunicado el jefe del bloque de diputados del PT, Siba Machado.

"Lamentablemente Cardoso no se comporta como un ex presidente de quien uno espera la actitud racional y de defensa de la Constitución", prosiguió el parlamentario.

Luego de las movilizaciones del domingo que reunieron unas 800 mil personas en todos el país, Cardoso, del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), recomendó a Rousseff que asuma un "acto de grandeza" y abandone el cargo.

El líder sindical Vagnner Freitas hizo alusión a grupos minoritarios que aprovecharon las manifestaciones del domingo para defender un golpe militar en Brasil, la exclusión del PT de la política, nuevas elecciones presidenciales o que el Congreso abra un juicio político con fines de destitución contra Rousseff.

El diario opositor O Globo ponderó que Cardoso, por su influencia en el PSDB, está encuadrando a sus correligionarios detrás de un plan para enfrentar al gobierno y apuesta en la sucesión del vicepresidente Michel Temer.

En ese sentido, Globo reveló que el titular del PSDB, Aécio Neves, comenzó a establecer contactos con miembros de la agrupación de Temer, que pertenece al Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), aliado del PT.

Esto, porque en el PSDB, luego de la ofensiva del líder histórico Cardoso, se apuesta a que una de las consecuencias de la crisis sea que Dilma deje el cargo y asuma Temer, como ocurrió en 1992 cuando el ex presidente Fernando Collor de Mello fue sucedido por su vice, Itamar Franco.

En tanto, el titular del PT, Rui Falcao, principal impulsor de "la marcha en defensa de la democracia" que se realizará en varios estados, deploró anoche las declaraciones "rabiosas de Cardoso" e insistió en la importancia que sus militantes asuman máxima participación y compromiso en el acto.

En consonancia, el partido que gobierna Brasil hace trece años, liderado por el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, aprovechó la la red nacional de radio y televisión para pedir que sus seguidores salgan a las calles a fin de contrarrestar la movida del domingo.

"Llegó la hora de ir a las calles para defender los derechos laboristas, las conquistas sociales de los últimos años y, por encima de todo, para defender nuestra democracia", decía el mensaje transmitido por el PT.

Por eso, arengó el locutor del mensaje, "súmate a la movilización nacional que, este jueves, unirá movimientos sociales, partidos políticos, centrales sindicales y todos los que creen que Brasil es mayor que cualquier crisis. Participe y fortalezca nuestra democracia".

Además de algunos partidos de izquierda y centrales sindicales, las protestas de mañana son promovidas por organizaciones como el Movimiento Sin Tierra y el Movimiento de los Sin Techo.

Pese a su intención de manifestar apoyo a Rousseff, estos grupos han dejado claro que también se pronunciarán contra el ajuste fiscal impulsado por el gobierno, la actual política económica y las reformas de corte liberal que ganaron un espaldarazo del Ejecutivo.

El líder sindical Vagnner Freitas hizo alusión a grupos minoritarios que aprovecharon las manifestaciones del domingo para defender un golpe militar en Brasil, la exclusión del PT de la política, nuevas elecciones presidenciales o que el Congreso abra un juicio político con fines de destitución contra Rousseff.

Las protestas del pasado domingo, convocadas por grupos opositores ajenos a la política formal, no consiguieron la misma movilización que otras dos jornadas de manifestaciones realizadas este año y que llegaron a congregar a 2,5 millones de personas en 250 ciudades.

Brasil atraviesa un momento de turbulencias políticas causadas en gran medida por los escándalos de corrupción en la estatal Petrobras, que han agravado el descontento de la población con el gobierno y derrumbado a un 8 % la popularidad de Rousseff.

Además de una crisis política, el país también enfrenta una grave crisis económica, y se prevé una contracción de cerca del 2,0 % en 2015 y del 0,15 % en 2016, recesión que ya es sentida por la población, que enfrenta la mayor inflación del país en los últimos doce años y una tasa creciente de desempleo.