En el contexto de una inusual movilización social y política opositora y una economía que da señales de alarma, Rusia elegirá el domingo un nuevo presidente en comicios que, según los sondeos previos, le darían el triunfo en primera vuelta al primer ministro Vladimir Putin.

La jornada electoral, además, estará cruzada por las sospechas de la oposición sobre posibles maniobras de fraude por parte del gobierno de Dmitri Medvedev, que al igual que Putin pertenece al oficialista partido Rusia Unida, acusado de poner en práctica un simple traspaso del poder.

El antecedente de ese recelo son las eleciones legislativas del 4 de diciembre último en las que triunfó el oficialismo y que la oposición calificó de fraudulentas, lo que provocó masivas manifestaciones anti-Putin, el verdadero "patrón" de Rusia Unida.

Moscú, San Petersburgo, Vladivostok, Mumansk y Kazan, fueron la punta de lanza de las marchas más importantes que se recuerdan en los últimos 25 años en Rusia, una chispa que prendió en todo el país con movilizaciones que se sucedieron hasta las puertas del acto electoral del domingo.

Cuando Rusia se encamina a un nuevo giro de su historia moderna, no pocos analistas suponen que será, de la mano de Putin, una vuelta de tuerca en la profundización de las actuales relaciones de producción capitalista, con un marcado tinte nacionalista en pos de recuperar el espacio perdido en la arena internacional desde la implosión de la ex Unión Soviética.

En ese marco, distintas encuestas asignan la victoria al antiguo "aparatchiki" de la ex KGB, un triunfo cuyo porcentaje implicaría que no va a necesitar de una segunda vuelta para confirmar su liderazgo electoral.

El Centro Levada, por caso, determinó que un 66% de los rusos estaría dispuesto a votar a Putin, un dos% más que otras encuestas realizadas en enero último.

El líder comunista Guennadi Ziugánov recibiría un 15% de los sufragios; el nacionalista Vladímir Zhirinovski un 8%; el multimillonario Mijaíl Prójorov un 6%; y el socialdemócrata Serguéi Mirónov un 5%.

Por su parte, de acuerdo con la fundación Opinión Pública (FOM, por sus siglas en ruso), Putin alcanzaría el 58,7% de los sufragios.

Según esa encuesta, Ziugánov lograría un 16,2%; Zhirinovski un 8,8%; Prójorov un 8,6%; y Mirónov un 6,1%, informó la agencia de noticias Europa Press.

En materia económica, telón de fondo del actual proceso electoral, las señales de alarma giran alrededor del aumento de la desocupación por encima del 8%, una cifra casi idéntica respecto a la inflación.

La economía rusa presenta también otros datos que indican un nivel importante de estancamiento: entre 2000 y 2007 Rusia creció a un ritmo del 7% anual, promedio que bajó abruptamente al 4,1% en 2011, y con un estimación del 3,5% para el presente año.

Durante todo el período previo a la elección del domingo, los opositores a Putin denunciaron un clima de intimidación, con presión y obstáculos a los electores críticos y manipulaciones mediáticas.

"La ventaja del candidato del Kremlin es evidente y la tutela a Putin por parte del aparato de poder es incluso mayor a la vista en otras elecciones", consideró Alexander Kinyov, de la organización independiente de observadores electorales Golos, consignada por la agencia de noticias DPA.

Como una señal de los tiempos por venir, el presidente de la república federada de Tatarstán, Rustan Minnijanov, sinceró lo que está en la cabeza de no pocos de los partidarios de Putin: "Rusia necesita un zar".

La cruda afirmación del funcionario le cabe como anillo al dedo a Putin, un hombre proclive a añorar los sueños de pompa, grandeza y poder de la Rusia Imperial.

Quizás debería recordar, parafraseando a Carlos Marx, que "la historia se repite dos veces, primero como tragedia y después como farsa".