“Lloro la muerte de un héroe”, habría dicho, según The Hollywood Reporter, el actor  estadounidense Sean Penn con motivo de la muerte de Hugo Chávez.

La lista de personalidades mundiales y latinoamericanas de la cultura, el espectáculo y la política que lloraron la muerte del líder venezolano es larga, y alcanza dimensiones asombrosas si se considera a los líderes políticos y sindicales, los altos funcionarios gubernamentales y los jefes de Estado que cayeron bajo su encanto.

La pregunta obvia es qué sucederá con esta red. ¿La capitalizará Nicolás Maduro? ¿Podrá seguir financiando los esquemas de ayuda social y energética?

“Es evidente que Venezuela va a tener problemas económicos, probablemente una recesión. No va a ser como Grecia o como Chile en 1982, porque seguirán entrando los dólares del petróleo, pero Maduro va a tener que hacer ajustes y gastar menos”, afirma el politólogo venezolano Javier Corrales, coautor del libro Un dragón en el trópico junto a Michael Penford.

Ambos autores describen el sistema de influencia chavista en América Latina y en el mundo como una combinación de “balanceo suave” con “diplomacia de poder social”. La primera, eminentemente discursiva, consistió en desafiar el poder estadounidense mediante gestos como el famoso “discurso del azufre” que pronunció Chávez en la Asamblea General de la ONU. Cosas que impresionan a la intelligentsia de Hollywood representada por Penn o el realizador de Wall Street, Oliver Stone.

La diplomacia de poder social, en cambio, consistió en vender petróleo a precios subsidiados a naciones pobres e invertir en proyectos sociales, medios de comunicación y grupos políticos alternativos.

Corrales llama la atención sobre cómo evolucionó la relación entre Chávez y sus pares latinoamericanos, desde la agresividad y la mofa a una suerte de acomodo en el que encontraron su lugar  gobernantes como Sebastián Piñera.  De hecho, Nicolás Maduro forjó vínculos estrechos como canciller con casi todos los gobiernos de la región, y su par chileno Alfredo Moreno declaró a la prensa local: “Con Maduro se puede trabajar”. Otra cosa es que el heredero político de Chávez logre desplegar las dotes seductoras de su predecesor con intelectuales del primer mundo, como la canadiense Naomi Klein o el filósofo italiano Gianni Vattimo.