Fuerzas militares estadounidenses lanzaron este viernes  59 misiles Tomahawk contra la base militar de Shayrat, en Siria, lo que supone el primer ataque directo ordenado desde Washington contra el "hombre fuerte” de Damasco, Bashar al Assad, desde que comenzó la guerra civil en ese país. 

Esa arremetida tuvo lugar poco después de que otra sesión sobre Siria en el Consejo de Seguridad de la ONU culminara sin acuerdos y de que Rusia advirtiera a la Casa Blanca sobre las “consecuencias” que podría tener una acción militar en el país mediterráneo. 

La agresión de EE.UU. responde al bombardeo con gases venenosos perpetrado el 4 de abril contra una localidad del norte de Siria, declaró el propio Donald Trump, presidente de Estados Unidos, en un dramático discurso dirigido a la nación, en el que argumentaba la necesidad de responder al uso de armas químicas.  

El ataque químico en cuestión ha sido atribuido al líder sirio, pese a los desmentidos de Assad y a las advertencias de analistas, que consideran que el caso debe ser investigado más a fondo antes de que se tomen decisiones drásticas. Trump aseguró que el ataque militar estadounidense tuvo como blanco el “aeródromo en Siria desde donde se lanzó el ataque químico” y llamó “a todas las naciones civilizadas” a poner fin a la “matanza y el derramamiento de sangre” en esa nación.
 
Por su parte, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, calificó de "agresión con un pretexto inventado" el ataque de Estados Unidos y advirtió de que la acción militar de Washington daña seriamente las relaciones ruso-estadounidenses. "El presidente Putin considera los ataques estadounidenses en Siria son una agresión contra un Estado soberano y una violación del derecho internacional, por si fuera poco, con un pretexto inventado", dijo a la prensa el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov.