Buenos Aires. Una economía en crecimiento y la ausencia de un candidato opositor fuerte posicionan a la presidenta argentina, Cristina Fernández, como la favorita para ganar su segundo mandato en las elecciones de octubre.

En la mayoría de encuestas de opinión, la mandataria peronista tiene una ventaja de por lo menos 20 puntos sobre su rival más cercano, el diputado socialdemócrata Ricardo Alfonsín. Eso indica que ella ganaría en primera vuelta y evitará un riesgoso balotaje.

Sin embargo, la política en Argentina es notoriamente volátil y, a cuatro meses de los comicios del 23 de octubre, una elección fácil para ganar otros cuatro años de mandato no está garantizada.

Cuando la campaña tome más impulso, sus oponentes lucharán para forzar una segunda vuelta apuntando a puntos débiles del Gobierno: una inflación anual estimada por consultoras privadas por encima del 23 por ciento, un creciente temor a la delincuencia y sus lazos con el impopular líder sindical Hugo Moyano.

Fernández también enfrenta otros desafíos de cara a las elecciones de octubre.

Algunos analistas dicen que su popularidad ya ha sido golpeada por un escándalo de corrupción en el emblemático grupo de derechos humanos Madres de Plaza de Mayo, de fuertes lazos con el gobierno.

El escándalo podría desvanecerse sin mayores implicaciones para Fernández, pero situaciones similares podrían alterar las perspectivas.

La elección de alcalde en la ciudad de Buenos Aires y comicios provinciales en distritos clave como Santa Fe y Córdoba en julio y agosto podrían influenciar la carrera presidencial.

Fernández es la única candidata por su agrupación política, el Partido Justicialista (peronista), que deberá celebrar elecciones primarias el 14 de agosto al igual que el resto de los partidos en el país.

Esas primarias ayudarían a definir el panorama para octubre.

A continuación, algunos escenarios para las elecciones de este año en la tercera mayor economía de América Latina:

- Fernández gana en primera vuelta.

De acuerdo con el sistema electoral argentino, los candidatos pueden ganar en primera vuelta con el 40 por ciento de los votos sólo si hay una diferencia de por lo menos 10 puntos porcentuales con el candidato ubicado en segundo lugar.

Un apoyo del 45% de los votos garantiza una victoria en primera vuelta. Las recientes encuestas de opinión indican que Fernández podría ganar en primera vuelta, aun si no alcanza el 45%, y repetir la cómoda victoria del 2007.

La tasa de aprobación de Fernández es hoy tan alta como lo fue cuando inició su mandato, por encima del 50 por ciento. Además de la presidencia, también deberán renovarse 130 asientos en la Cámara de Diputados y 24 en el Senado.

Un fuerte apoyo podría ayudar a Fernández a recuperar la mayoría en el Congreso que perdió en las elecciones legislativas del 2009.

El período de "luna de miel" suele ser más breve en los segundos mandatos, pero un triunfo convincente le daría más espacio para respirar y tal vez le permita anunciar medidas más radicales o poco populares.

Esas medidas podrían incluir un fuerte recorte en los multimillonario subsidios a la energía y el transporte o bajar el gasto público con la consecuente moderación de la expansión de la economía.

También podría frenar una posible lucha por la sucesión dentro del partido peronista, algo que le daría más tiempo para elegir un heredero que se postule en el 2015.

-Fernández gana en segunda vuelta.

Aun si no logra ganar en primera vuelta, Fernández tiene buenas posibilidades de vencer en un balotaje contra cualquiera de los principales candidatos opositores: Alfonsín; el peronista disidente Eduardo Duhalde; el gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saa; el gobernador socialista de Santa Fe, Hermes Binner; y la diputada de centroizquierda Elisa Carrió.

Pero Fernández querrá evitar un balotaje dado que podría resultarle riesgoso. A pesar de que su tasa de rechazo ha bajado marcadamente, encuestas muestran que hasta un tercio de los electores tienen una imagen negativa de ella.

Eso podría hacerla vulnerable si los candidatos más fuertes de la oposición se alinearan detrás del que saque el segundo lugar.

Duhalde, que oscila entre el tercer y el cuarto lugar en la mayoría de las encuestas, ya ha dicho que apoyará a Alfonsín si la elección necesitara de un balotaje el 20 de noviembre.

Una victoria poco convincente le daría a Fernández menos margen para definir políticas o hacer cambios radicales, algo que podría debilitar su apoyo dentro del partido peronista, donde la popularidad significa poder.

-Oposición se une y derrota a Fernández en segunda vuelta.

Este es el escenario menos probable junto con una derrota de Fernández en la primera vuelta, a menos que un evento no previsto o medida impopular del Gobierno dañe a la mandataria.

Podría tornarse más posible si al mismo tiempo Alfonsín lograse apoyo de un mayor espectro de electores antigobierno.

Su alianza con el diputado disidente del peronismo Francisco De Narváez, que es popular en el distrito electoral clave de la provincia de Buenos Aires, aumenta sus posibilidades de capturar votos de otros políticos que se han alejado del partido peronista.

Una derrota de Fernández marcaría definitivamente el final de la era kirchnerista, una mezcla de políticas de intervención económica, defensa de los derechos humanos y populismo que comenzó en el 2003 de la mano del difunto marido y predecesor de Fernández, Néstor Kirchner.

Alfonsín es del partido radical, que tiene una pobre historia de gobernabilidad, especialmente durante crisis económicas, pero defiende políticas amigables para los mercados financieros y nombró a un reconocido economista como su compañero de fórmula.