La Habana. El presidente cubano, Raúl Castro, dijo que la liberación de una veintena de disidentes presos no representa una concesión a sus enemigos como Estados Unidos, con quien las relaciones continúan estancadas.

En un discurso ante el Parlamento, el general de 79 años aludió por primera vez a un acuerdo alcanzado con la Iglesia Católica para liberar a un total de 52 presos políticos.

"Por decisión soberana y en estricto apego a nuestras leyes, en los últimos días se completó la excarcelación y salida del país de los primeros 21 reclusos contrarrevolucionarios", dijo.

"Cabe recordar que ninguno de estos ciudadanos fue condenado por sus ideas, como han tratado de hacer ver las brutales campañas de descrédito contra Cuba", añadió.

Veinte de los presos liberados se marcharon a España y uno a Estados Unidos.

La Iglesia Católica espera la próxima excarcelación de 32 de los 75 disidentes arrestados en la "Primavera Negra" del 2003 aún tras las rejas.

Las liberaciones fueron aplaudidas por la comunidad internacional, que había criticado duramente a Cuba por la muerte en febrero del preso político en huelga de hambre Orlando Zapata.

Raúl Castro describió la medida como un acto de generosidad y advirtió que no representa un cambio en su visión de los disidentes.

Cuba considera a los opositores como mercenarios a sueldo de Estados Unidos.

"Nadie se llame a engaño. La defensa de nuestras sagradas conquistas, de nuestras calles y plazas, seguirá siendo el primer deber de los revolucionarios a quienes no podemos privar de ese derecho", dijo.

El presidente cubano dijo al Parlamento que no hubo avances significativos en la relación con Estados Unidos, su enemigo ideológico desde la revolución de 1959 que convirtió a Cuba en una nación comunista.

"En cuanto a Cuba y los Estados Unidos, en esencia nada ha cambiado", dijo.

"Aunque exista menos retórica y se celebren ocasionales conversaciones bilaterales sobre temas específicos y limitados, en realidad, el bloqueo se continúa aplicando y nosotros seguiremos actuando con la serenidad y paciencia que hemos aprendido en más de medio siglo", añadió.

Las relaciones con Estados Unidos parecieron distenderse con la elección del presidente Barack Obama, un demócrata que había prometido relanzar los vínculos con Cuba y suavizó ligeramente las sanciones contra la isla.

Pero la luna de miel se desinfló y terminó abruptamente con la detención en diciembre pasado en Cuba de un contratista estadounidense de quien las autoridades comunistas de la isla sospechan de espionaje y subversión.

Washington ha pedido la liberación del contratista Alan Gross.

Raúl Castro no aludió al caso, aunque ilustró la falta de avances la situación de Gerardo Hernández, un agente cubano de inteligencia preso desde 1998 en Estados Unidos confinado desde hace unos días en una celda de castigo.