San Salvador, Xinhua. Miles de feligreses pidieron hoy el esclarecimiento del magnicidio del exarzobispo de la capital Oscar Arnulfo Romero, quien fue asesinado por un francotirador mientras oficiaba la eucaristía hace 33 años.

El reclamo masivo sirvió de telón de fondo para el inicio de las fiestas religiosas por la celebración de la Semana Santa. La peregrinación masiva recorrió las calles de San Salvador, visitó este domingo la capilla del hospital donde Romero fue asesinado y finalizó en la cripta de la catedral metropolitana donde yacen sus restos.

El arzobispo de la capital, José Luis Escobar, rechazó que la llamada "voz de los sin voz" sea un personaje político, sino que se trata de un pastor de la iglesia que tiene "méritos suficientes" para ser canonizado.

En El Salvador, la población profesa mayoritariamente la fe católica y evangélica, pero la figura de Romero representa mucho más que un símbolo religioso.

Su asesinato planificado por la extrema derecha nunca ha sido esclarecido por las autoridades judiciales y sigue siendo un tema vedado donde hay más preguntas que respuestas acerca de quiénes participaron en la decisión de eliminarlo.

Romero fue un sacerdote atípico a finales de los años 70 porque denunció las masacres cometidas contra los campesinos y el inicio de la represión de los cuerpos de seguridad contra la oposición política.

De acuerdo a una investigación realizada por la Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas tras el fin de la guerra civil en 1992, el fundador del partido opositor Alianza Republicana Nacionalista (Arena), el mayor Roberto D'Aubuisson, planificó el magnicidio con el apoyo de empresarios y políticos de extrema derecha.

Pero la lista de los nombres que participaron en ese cónclave siempre ha sido el secreto mejor guardado de El Salvador de la posguerra.

Romero fue conocido como el líder religioso que abogó por el cese de la violencia cometida por grupos extremistas durante el final de los años 70.

El 24 de marzo de 1980, mientras oficiaba la eucaristía en la iglesia de un hospital para enfermos de cáncer, un francotirador cegó su vida con un disparo certero al corazón.

Aquel magnicidio fue el detonante para que la guerra irregular contra la dictadura acabara convirtiéndose oficialmente en el inicio de la guerra civil salvadoreña, que desangró al país (1980-1992) y dejó más de 75.000 víctimas, 12.000 desaparecidos y miles de lisiados.

Arena gobernó El Salvador entre 1980 y 1992 y podría retomar el poder en las elecciones de febrero de 2014, de acuerdo a las últimas encuestas políticas.

Tras la entronización de Roberto Bergoglio como Papa Francisco en el Vaticano, autoridades salvadoreñas iniciaron un "lobby" para reivindicar la vida de Romero.

De hecho, la esposa del presidente y primera dama del país Vanda Pignato viajó a Roma y aprovechó para reiterar personalmente el deseo de los salvadoreños al nuevo Papa.

La imagen de la brasileña-salvadoreña conversando con Bergoglio al tiempo que le muestra una fotografía de Romero fue reproducida por las televisoras locales esta semana.

Asimismo, el presidente Mauricio Funes insistió en su programa de radio de los sábados en que sigue esperando que la justicia investigue en profundidad el magnicidio de Romero.

Para el mandatario salvadoreño, no cabe duda de que el francotirador "actuó bajo las órdenes de mentes asesinas de la época, de gente que quería callar la voz de monseñor, que quería borrar con su muerte su palabra a favor de los pobres, de los más vulnerables".

Por su parte, la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) también organizó un festival cultural este fin de semana reclamando "verdad y justicia" por los crímenes cometidos durante la guerra civil.

Al margen del valor religioso, el proceso de beatificación de Romero es políticamente trascendente en El Salvador porque puede significar un giro en el esclarecimiento de hechos impunes hasta la fecha.

La causa de Romero fue aprobada por el Vaticano en mayo de 2005, cuando la Congregación de la Doctrina de la Fe concluyó que Romero fue "un mártir de la Iglesia, asesinado por su fe cristiana".

La Congregación para la Doctrina de la Fe, que es un órgano colegiado del Vaticano integrado por cardenales, obispos y arzobispos de la iglesia católica, paralizó el proceso por razones desconocidas sin emitir una conclusión sobre el personaje.

De ser una resolución positiva, el proceso pasaría a una etapa final en la Congregación de la Causa de los Santos.

"Aquí no hay dónde perderse porque a monseñor Romero lo mataron por defender a los más débiles, a los más pobres, por decir la verdad, por denunciar las injusticias cuando nadie se atrevía a levantar ni la voz", dijo a Xinhua un peregrino que recorrió este domingo las calles de la ciudad.

Cada marzo miles de feligreses y peregrinos e incluso extranjeros visitan el mausoleo donde yacen los restos del llamado "pastor de los pobres".

A la cripta han llegado desde dignatarios como el ecuatoriano Rafael Correa, el brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva y el estadounidense Barack Obama hasta humildes feligreses que aguardan noticias sobre su muerte.

La verdad sobre el asesinato de Romero despertó muchas sospechas entre la derecha después del triunfo del experiodista Mauricio Funes como candidato del partido Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en marzo de 2009.

Aunque el caso judicialmente sigue cerrado, empresarios como el editor del periódico conservador El Diario de Hoy, Enrique Altamirano, acabó por autoexiliarse en Panamá y recientemente en la ciudad de Miami.

Altamirano, por ejemplo, es uno de los empresarios mencionados por el informe de la Comisión de la Verdad de la ONU como financiadores de los escuadrones de la muerte durante la guerra sucia en los 80.

Un día antes de ser asesinado, Romero pronunció un discurso inquietante que sigue escuchándose 33 años después de su muerte en el cual expresó "en nombre de Dios y de este sufrido pueblo les ruego, les suplico, les ordeno, en nombre de Dios, que cese la represión".