Las redes de narcopolicías se mantienen intactas en la institución, pues incluyen toda una madeja que enreda desde la escala básica hasta oficiales del nivel superior, que siguen sin investigarse ni juzgarse.

El Heraldo tuvo acceso a informes que revelan las actividades en las que varios oficiales de Policía se involucraron y, aunque la fuente se negó a revelar los nombres y apellidos, sí mostró tenerlos en su poder. Únicamente se accedió a entregar las claves asignadas a cada oficial, las que se usan en este tipo de investigaciones para evitar la fuga de información.

Además, se mostraron las organizaciones a las que pertenecen los oficiales de Policía involucrados, los feudos o dominios que ejercen en diversas zonas del territorio y los casos de tráfico de estupefacientes por los que son o debieron ser investigados.

De acuerdo con los informes de contrainteligencia, varios oficiales de escala media y superior fueron reclutados por los carteles del narcotráfico mexicanos que tienen sus células en Honduras. Estos a su vez, se encargaron de conformar sus propias redes de narcopolicías, de las que hoy también son parte oficiales de escalas inferiores, clases y agentes.

Algunos oficiales de la escala superior, incluso, tienen sus feudos definidos para el control y tráfico de la droga. Mientras algunos ejercen su control sobre el tráfico ilícito en el litoral atlántico, específicamente en la zona del norte de Olancho, Colón y Atlántida, otros tienen feudos de la droga en la zona occidental, específicamente en Santa Bárbara, Ocotepeque y Copán.

Estos oficiales, con puestos de mando, contribuyen para que las operaciones del cartel de Sinaloa se hagan sin contratiempos en Honduras.

De hecho, los pocos decomisos que se han efectuado en el país han surgido por rivalidades entre los carteles del narcotráfico o por diferencias entre los oficiales de Policía que mantienen el control de estas actividades ilícitas.

Cabe destacar que la mayoría de decomisos de droga, con los que se presume la lucha frontal al narcotráfico, se hicieron en alta mar, mediante la intervención de guardacostas de Estados Unidos que patrullan en aguas internacionales del Caribe.

En 2010, de acuerdo con reportes oficiales, apenas se decomisaron unos 1.800 kilos de cocaína, gran parte de ellos en el mar Caribe. Este año, la cifra supera los 6.000 kilos, sin embargo, al igual que el año anterior, son muy pocos los decomisos efectuados por la Policía dentro del territorio.

Actualmente, los servicios de contrainteligencia dan seguimiento a la participación de oficiales en casos de tráfico de drogas.

Algunos oficiales, identificados como B1, D9, G8, HT, estuvieron vinculados a casos de tráfico de droga en Yoro, Tocoa y La Mosquitia. Estos casos tienen que ver con el tráfico de 200 kilos y 142 kilos, ambos de cocaína.

Se ha verificado que algunos de estos policías coordinaron actividades del narcotráfico relacionadas con el aterrizaje de narcoavionetas, aunque no estaban asignados en los departamentos de Yoro, Colón y Atlántida.

La lista. Antes de ser destituido, Óscar Álvarez aseguró tener una lista de narcopolicías que, incluso, servían como controladores aéreos en la zona norte del país.

Para facilitar los aterrizajes, estos oficiales montan retenes de manera que el tráfico vehicular y hasta peatonal es detenido maliciosamente mientras las avionetas son descargadas.

Además, a la hora programada para los aterrizajes, se organizan operativos antidrogas en otros sectores con el único fin de desviar la atención y mantener entretenidos a los policías que no son parte de la red policial o para justificar la ausencia policial en las zonas donde posteriormente son encontradas incineradas las aeronaves.

Actualmente, según las fuentes consultadas, existe enorme preocupación entre los oficiales involucrados, ya que la presión de diferentes sectores de la sociedad, puede conducir a que la lista en poder de Óscar Álvarez, finalmente sea entregada a la fiscalía y la investigación siga su curso.

Estos oficiales, de acuerdo con lo revelado por estas mismas fuentes, han acudido al cuartel de Casamata a gestionar vacaciones ante la Oficina de Recursos Materiales con el fin de salir del país mientras el escándalo de la corrupción policial baja de intensidad.

Además, existe el temor entre estos mismos oficiales de que, al perder el mando, sean eliminados por los mismos narcotraficantes debido a la cantidad de información que manejan. Un remezón en la cúpula policial obligaría a los carteles de la droga a reclutar nuevos oficiales con mando.

La fuente indicó que las labores de contrainteligencia han conducido, incluso, a investigar si existe participación o no en los ilícitos de oficiales asignados en la Dirección General de la Policía Preventiva con sede en los Cobras.

Esta dirección es fundamental, ya que desde ahí se coordinan la mayor parte de los operativos antidrogas que se efectúan a nivel nacional.
Además, se investiga si los nuevos directores policiales tienen parientes que trabajan en labores de seguridad para supuestos narcotraficantes en la zona occidental del país.

Producto de la contaminación en la institución policial, se conoció que, inclusive, la Secretaría de Seguridad ha tenido inconvenientes para encontrar el definitivo jefe de la Metropolitana 1, la más importante del país por encontrarse en la capital de la República.

Días atrás se tenía listo el nombramiento de un subcomisionado, sin embargo, al revisar minuciosamente su hoja de vida, se conocieron denuncias y faltas que lo inhabilitaban automáticamente para ese puesto, sobre todo por la presión social que existe en este momento.

“Plata para la familia o plomo para la familia”. Según las fuentes consultadas, muchos oficiales de Policía no pueden ser asignados en la zona occidental sin ser contaminados por el narcotráfico.

Aunque muchos de ellos no tocan droga, las mismas bandas los obligan a colaborar en las actividades ilícitas. Cuando un jefe policial es asignado, de inmediato es llevado a una oficina donde le ponen sobre la mesa un maletín.

Ahí, frente al maletín, lo sentencian: “plata para la familia o plomo para la familia”. Al oficial de Policía le advierten que no hay más opciones, por lo que muchos optan por no entorpecer las actividades del narcotráfico.