Lima. Pedro Pablo Kuczynski (PPK), el "gringo" que llegó hace 20 meses a la presidencia de Perú anunciando que lideraría “un gobierno de lujo” dejó el poder, acosado por el escándalo de corrupción de la brasileña Odebrecht.

Hijo de un médico alemán que huyó del nazismo, Kuczynski, de 79 años, llegó al poder con dos lastres: escaso respaldo político en un Congreso que actúa como un contrapoder y su condición de empresario. Sus opositores lo acusaban de mantener vínculos con grandes transnacionales y de actuar como lobista.

Han sido precisamente los nexos con Odebrecht, que ha repartido decenas de millones de dólares a políticos latinoamericanos a cambio de obras, los que culminaron abruptamente con su presidencia, corolario de una exitosa carrera al servicio de su país desde 1968.

Kuczynski renunció a la presidencia un día antes de que el Congreso votara una moción para destituirlo por sus supuestos lazos con la constructora.

Han sido precisamente los nexos con Odebrecht, que ha repartido decenas de millones de dólares a políticos latinoamericanos a cambio de obras, los que culminaron abruptamente con su presidencia.

La salida de PPK genera incertidumbre en el país que será anfitrión en abril de la Cumbre de las Américas, a la que asistirá el mandatario estadounidense, Donald Trump, y una treintena de gobernantes más, incluido el venezolano Nicolás Maduro, pese a haber sido eliminado de la lista de invitados.

Kuczynski también ha sido promotor del Grupo de Lima, que congrega a una docena de países críticos de Maduro.

“Pienso que lo mejor para el país es que yo renuncie a la presidencia de la República”, dijo Kuczynski en un mensaje al país por televisión.

“No quiero ser un escollo para que nuestra nación encuentre la senda de la unidad y armonía que tanto necesita y a mí me negaron”, indicó.

La salida de PPK aún tiene que ser confirmada por el Congreso. Los portavoces de las bancadas se reunirán este jueves para pronunciarse sobre la renuncia del mandatario peruano, primer presidente que pierde su puesto por el escándalo de Odebrecht.

Las mentiras del presidente sobre sus presuntos vínculos con Odebrecht cuando era ministro de Economía en el gobierno de Alejandro Toledo –sobre el que pesa también una orden de extradición por haber recibido dinero de la constructora brasileña– terminaron por cavar su tumba política.

Odebrecht reveló que había pagado casi US$5 millones por asesorías a empresas ligadas a Kuczynski cuando era ministro, lo que el presidente siempre había negado.

La constructora admitió además que hizo aportes de campaña en 2006 y 2011 a los últimos cuatro ocupantes del sillón presidencial, incluido Kuczynski, y a Keiko Fujimori.

 

Guerra Keiko-Kenji. La presión contra PPK creció en las últimas horas tras la divulgación de un video para salvarle de un primer pedido de destitución. En la imagen aparece Kenji Fujimori intentando convencer a otros parlamentarios de que apoyen a Kuczynski a cambio de obras públicas en sus distritos.

El apoyo de Kenji supuso el indulto a su padre Alberto Fujimori, que cumplía 25 años de cárcel por corrupción, y desató una guerra por el control del partido Fuerza Popular que lidera su hermana Keiko.

“Con profunda decepción y dolor el Perú vuelve a ser testigo de negociaciones para la compra de congresistas. Lamento aún más que mi propio hermano se encuentre envuelto en estas prácticas...”, escribió Keiko en Twitter.

“Lamento las bajezas y actitudes delincuenciales de Fuerza Popular y de mi hermana Keiko al operar con esas actitudes, grabando de manera oculta y tergiversando información”, respondió Kenji.

Según analistas, PPK no tenía ninguna posibilidad de superar la moción de destitución a la que iba a ser sometido. Un sondeo de la firma Ipsos reveló que el 58% de los peruanos cree que Kuczynski debe ser destituido.