Brasilia. El ministro de Deportes de Brasil, Orlando Silva, renunció este miércoles acorralado por denuncias de corrupción que empañan la imagen internacional de esta nación del BRICS escogida para organizar la Copa Mundial del 2014 y los Juegos Olímpicos del 2016.

La renuncia, anticipada por varias fuentes gubernamentales, fue reportada por el canal local de televisión Globonews.

Es la sexta baja en el gabinete de la presidenta Dilma Rousseff en apenas diez meses y el quinto ministro salpicado por acusaciones éticas.

Silva fue acusado de recibir unos 40 millones de reales (US$23 millones) en comisiones ilegales que fueron a parar a sus bolsillos y a los de su fuerza política, el Partido Comunista de Brasil.

El funcionario era encargado de coordinar las inversiones de la Copa Mundial del 2014 que, con un presupuesto de más de US$18.000 millones en estadios, nuevos sistemas de transporte, expansiones de aeropuertos y otros proyectos de infraestructura promete ser la más cara de la historia.

Brasil espera que la Copa Mundial y los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 ayuden a consolidar su imagen internacional como la séptima mayor economía del planeta.

Desde que asumió el poder en enero del 2011, Rousseff se ha mostrado implacable con la corrupción.

Pero la hemorragia de ministros y el recorte de fondos para obras públicas a menudo usadas con fines proselitistas elevó la tensión dentro de su coalición de gobierno, formada por más de 20 partidos.

Silva fue acusado por la revista Veja de aceptar comisiones ilegales de proyectos públicos usadas para financiar la campaña del Partido Comunista para las elecciones del 2006. El ministro rechazó tajantemente los cargos.

Su suerte parece haber sido decidida el martes, cuando el Tribunal Supremo abrió una investigación sobre irregularidades en su ministerio.

Según fuentes del gobierno, Silva será reemplazado por el diputado Aldo Rebelo, también del Partido Comunista, un duro crítico de la corrupción en el mundo del fútbol.

La corrupción en sistema político de Brasil es percibida como un problema endémico en esta nación.

El popular ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, mentor político de Rousseff, sobrevivió en el 2005 a las denuncias de financiamiento ilegal para su Partido de los Trabajadores.

Otro ex mandatario, Fernando Collor de Mello, tuvo menos suerte y fue obligado a renunciar en 1992 por un escándalo de corrupción. Hoy se sienta en el Senado.