La Habana. Varios han sido los acontecimientos que marcaron el rumbo político y económico en Cuba este año, pero sin duda el retroceso en las relaciones con Estados Unidos tras el arribo de Donald Trump a la Casa Blanca y el devastador impacto del huracán Irma resultaron lo más significativo en 2017.

El deshielo iniciado en 2015 tras el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana sufrió este año un giro de 360 grados y Trump desató una tormenta política con Cuba que revirtió los cambios implementados por su predecesor, Barack Obama.

"Estados Unidos ha llevado su relación con Cuba a la mínima expresión y esto solo es el reflejo de que la administración Trump decidió aliarse con sectores minoritarios, pero muy influyentes en el estado de la Florida que se oponen a cualquier acercamiento", dijo a Xinhua en una entrevista el académico cubano, Iroel Sánchez.

Las regulaciones anunciadas por Trump en junio en Miami entraron en vigor cinco meses después e incluyen la prohibición de visitas individuales de estadounidenses a la isla bajo la categoría de intercambios "pueblo a pueblo", además de imponer condiciones a los viajes educacionales y académicos.

Según cifras oficiales entre enero y noviembre de 2017 visitaron Cuba 579.288 estadounidenses, para un 248,7% de crecimiento con respecto al año anterior.

Cuba logró salir de la recesión económica que tuvo en 2016, con un 1,6% de crecimiento, sobre todo por el buen desempeño de los sectores de turismo, construcción, transporte y agricultura.

Sin embargo, en las últimas semanas se registró una sustancial reducción de viajeros norteamericanos debido a las prohibiciones y una advertencia emitida en septiembre pasado por el Departamento de Estado de EEUU que recomendó a los estadounidenses no visitar la isla.

Las medidas también prohíben el intercambio comercial de empresas norteamericanas con 179 holdings y compañías cubanas asociadas a las fuerzas armadas y organismos de seguridad e inteligencia.

Además, los estadounidenses no pueden hospedarse en 83 hoteles del grupo turístico Gaviota, pertenecientes al grupo GAESA, conglomerado empresarial de las fuerzas armadas cubanas.

"Pareciera la voluntad de la administración Trump de ir más allá respecto a su política hacia Cuba, pero la propia opinión pública norteamericana y gran parte del empresariado de ese país no lo han permitido. La retórica política no ha podido ser acompañada de acciones más duras", abundó Sánchez.

Respecto al orden interno, fue un año de un discreto crecimiento económico para Cuba, marcado por tensiones financieras debido a la falta de disponibilidad de divisas para el pago a acreedores internacionales, así como la fuerte crisis económica que impacta a Venezuela, principal aliado comercial de la isla.

Cuba logró salir de la recesión económica que tuvo en 2016, con un 1,6% de crecimiento, sobre todo por el buen desempeño de los sectores de turismo, construcción, transporte y agricultura.

"El gobierno cubano se ha planteado prioridades con el impulso a la inversión extranjera, el crecimiento sostenido de la industria turística, el desarrollo de las empresas estatales e incrementar la productividad laboral y agrícola en el país", señaló Sánchez.

Por primera vez, Cuba logró atraer unos US$2.000 millones en inversión foránea para promover distintos sectores clave y continuará potenciando la participación de inversores internacionales para captar una cifra aún mayor en proyectos conjuntos.

"Cuba ha diversificado su comercio exterior y relaciones financieras internacionales. Ya la economía cubana no depende de un solo mercado como pudo suceder en el pasado", resaltó el también politólogo cubano.

 Un fuerte golpe para la economía cubana fue el impacto en septiembre pasado del huracán Irma que azotó a un 70% del territorio.

Miles de casas sufrieron daños totales o parciales, cientos de miles de hectáreas de cultivos resultaron afectadas y la infraestructura turística y estatal fue fuertemente impactada.

El gobierno cubano estimó las pérdidas en unos US$13.000 millones, cifra histórica para los estragos dejados por cualquier ciclón tropical en la historia de la isla.

Cuba también cerró el año inmersa en un proceso de comicios generales que culminará en abril del próximo año con la elección de un nuevo jefe de Estado en sustitución de Raúl Castro, quien ha confirmado que dejará de ser presidente y promovió un relevo generacional en el país.

"Saldrá del gobierno la generación histórica que hizo triunfar la revolución en 1959 y asumirán responsabilidades personas que lo han venido haciendo en distintas organizaciones y niveles de dirección durante varios años en el país", añadió Sánchez.

Las elecciones municipales tuvieron lugar en noviembre donde se eligieron más de 12.000 delegados o concejales y en una próxima fecha aún por anunciar se elegirán a los diputados a la Asamblea Nacional de Cuba.

Una vez que este órgano legislativo se constituya, el 19 de abril de 2018, los más de 600 diputados cubanos elegirán un nuevo presidente del Consejo de Estado, sus vicepresidentes y demás miembros.

Raúl Castro asumió formalmente la presidencia del país en 2008 y tras una década ha impulsado reformas económicas en la isla, permitió una mayor apertura al sector privado y eliminó antiguas restricciones y prohibiciones.