"El próximo presidente de Estados Unidos", fue el recibimiento que escuchó el ex gobernador de Massachusetts, Mitt Romney, al llegar al Centro de Convenciones de Tampa tan sólo 30 minutos después de cerradas las mesas de votación y sabiéndose ya ganador de las primarias republicanas del estado de Florida.

La frase que motivó una ovación de los presentes la pronunció, micrófono en mano, su esposa Ann, quien lo esperaba en el escenario junto a sus hijos.

Rodeado por los carteles con su nombre y banderines con la bandera nacional que los seguidores agitaban incesantemente mientras daban gritos de celebración, Romney comenzó por festejar la victoria con un discurso de 10 minutos dominado por ataques al actual mandatario, Barack Obama, y por mensajes conciliadores hacia sus contrincantes.

“Señor Presidente (Obama), usted fue electo para liderar, optó por seguir y ahora es hora de hacerse a un lado”, afirmó ganándose el festejo de los cientos de presentes que lo acompañarían con sus gritos de aliento una y otra vez durante su discurso.

“Mi liderazgo terminará la era Obama y comenzará una era de prosperidad”, insistió Romney para afirmar luego que “esta campaña es más que reemplazar a un presidente, es salvar el alma de Estados Unidos”.

Vistiendo una campera militar con una calcomanía de Romney pegada a un lado y una gorra negra con el lema “Veterano de Vietnam”, Ginger Prices festejaba a un costado del atril el anuncio de los primeros resultados que daban por ganador a su candidato.

Para la militar retirada, de 82 años, no hay dudas de que Romney “tiene que ser el presidente porque va a recuperar la economía y traerá empleos”, además de ser quien “puede definitivamente vencer a Obama en noviembre”, dijo a Télam con entusiasmo.

De traje oscuro alterado solamente por un pequeño prendedor con el nombre del precandidato, el abogado y asesor de Romney en Alabama, William Sellers, llegó junto a su mujer a Tampa desde ese estado sureño para “celebrar y sumarnos a los festejos” que no pudo llevar adelante en Carolina del Sur.

“Entusiasmado” por los resultados, Sellers aseguró a esta agencia que el ex gobernador “ganará las elecciones generales y llevará a Estados Unidos de nuevo a donde necesitamos estar” porque es un “hombre de negocios que entiende que tenemos una necesidad de hacer crecer la economía”.

Hombres vistiendo gorros y corbatas con la bandera estadounidense gritaban y movilizaban a la gente en el pequeño espacio elegido para recibir la victoria y en la puerta del salón, Deborah Whisenand extendía entre sus manos una remera gris con la insignia “cree”, en referencia al slogan "Cree en Estados Unidos" colgado detrás del atril del precandidato.

Mostrando con orgullo los innumerables prendedores de distintas formas pintados con los colores de la bandera estadounidense y que colgaban en su buzo de igual colores, Whisenand se confesó seguidora del Tea Party.

Y aunque confiesa ser “no tan radical”, está convencida que Romney “será quien nos devolverá nuestro país” y por eso se ofreció como voluntaria para ayudar en la campaña.

Como ella, en el “bunker” de Romney era posible ver a varias personas con el cartel de “voluntario” que disfrutaban la cosecha del trabajo realizado mientras el precandidato se despedía saludando a los que se acercaban a felicitarlo.

Por su parte, Gingrich recibió en Orlando los resultados asegurando que a pesar de la derrota seguirá dando batalla en la interna para ser quien venza a Obama en las elecciones nacionales.

“Quiero asegurarles: vamos a luchar en todos los lugares y vamos a ganar, y estaré en Tampa como el nominado en agosto” en la Convención Nacional, aseguró el ex presidente de la cámara Baja en compañía de su mujer y de algunos seguidores.

El próximo sábado los precandidatos volverán a enfrentarse en Nevada y Maine, pero con la mira puesta en el denominado “súper martes” el 6 de marzo, cuando 10 estados lleven adelante simultáneamente elecciones partidarias.