Brasilia. Cuando Dilma Rousseff sea juramentada este sábado como la presidenta de Brasil, tomará las riendas de un gigante emergente con una economía en auge, vastas reservas de petróleo y una creciente influencia diplomática internacional.

Pero para que Brasil siga siendo uno de los puntos de atención del mundo, la ex guerrillera marxista debe recortar un Estado costoso, reducir la burocracia y contener una apreciación cambiaria que está dañando a la industria.

Como economista capacitada y gerente eficiente, la primera mujer en presidir Brasil puede tener muchas de las respuestas. Pero su mayor desafío será el de vender medidas impopulares, como recortes de gastos y topes salariales, a los votantes cuyas vidas han mejorado considerablemente en la última década.

Más de 20 millones de personas salieron de la pobreza gracias al crecimiento económico y a políticas sociales innovadoras. Los salarios han aumentado, el desempleo está en un mínimo histórico y una creciente clase media compra automóviles y televisores a un ritmo vertiginoso.

Rousseff, quien nombró a un experimentado y respetado equipo económico, continuará con la mayoría de políticas de mercado que han puesto a Brasil en los radares de los inversores.

Cuando su caravana pase en Brasilia por edificios gubernamentales modernistas en un Rolls Royce convertible de 1953 flanqueada por guardias de seguridad mujeres, muchos brasileños estarán allí no para saludar a la presidenta entrante sino al mandatario saliente.

Rousseff debe su victoria en las elecciones de octubre al respaldo de su mentor, Luiz Inácio Lula da Silva, quien deja el cargo con un índice de aprobación por las nubes de casi un 90%.

El carisma y la popularidad de Lula fueron fundamentales para que el ex líder sindical dominara el volátil apoyo en el Congreso y el impacto de una serie de escándalos de corrupción, uno de los cuales lo llevó al borde de un juicio político en el 2005.

Rousseff, una tecnócrata cuyos discursos a menudo están llenos de números, requerirá mucha habilidad y el respaldo para lidiar con aliados políticos difíciles de controlar.

"La pregunta es si ella tiene el coraje y el apoyo para hacer frente a intereses creados", dijo Pedro Simon, senador por el partido PMDB, el más grande de la coalición de Rousseff. "Ya hay un ejército de canallas que quieren ensombrecer la victoria", agregó.

Una de las primeras pruebas para su coalición de 10 partidos será una importante reforma tributaria que planea enviar al Congreso lo más pronto posible.

Rousseff también tendrá que controlar el gasto público inflacionario y reducir los impuestos que son los más altos de cualquier mercado emergente importante y asfixiantes para inversionistas.

La guerra mundial de divisas, que está socavando la industria nacional con importaciones baratas de China, pondrá a prueba el acercamiento que ha forjado Lula con Pekín y otros países del llamado grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China).

Más allá de las soluciones a corto plazo al tema cambiario, como restricciones al capital y barreras arancelarias, Rousseff se enfrenta a una larga lista de desafíos.

El principal de ellos: mejorar carreteras y puertos decrépitos y reducir la notoria burocracia de Brasil y las tasas de interés de dos dígitos.

Mano dura. La ex jefa de gabinete de Lula y ex ministra de Energía también deberá ejercer un gobierno de mano dura en varios sectores de la economía, particularmente en la industria petrolera.

El desarrollo de nuevas y extensas reservas de crudo costa afuera puede significar enormes oportunidades para generar más riquezas y empleo.

Hasta el momento, Rousseff ha mostrado poco interés en recortar los costosos beneficios de pensiones, en flexibilizar las rígidas leyes laborales o en reducir el tamaño del Estado, todos esos elementos vistos como claves si Brasil quiere mantener su crecimiento a un ritmo veloz.

Debido a las demandas domésticas, es probable que la presidenta muestre un perfil internacional más bajo y evite tocar polémicos temas políticos como lo hizo Lula cuando enfureció a Washington al ofrecer una mediación sobre el programa nuclear de Irán.

Rousseff señaló que quiere reparar los lazos con Estados Unidos y se ha distanciado de Irán, criticando con dureza los antecedentes de Teherán en materia de derechos humanos.

Washington será uno de sus primeros destinos internacionales, dijo un cercano asesor esta semana, y la secretaria de Estado, Hillary Clinton, se encuentra entre los 31 dignatarios extranjeros que participarán en la ceremonia de toma de mando el sábado.

"Con Rousseff, la política exterior será menos ideológica, más pragmática", comentó Alcides Costa Vaz, profesor de relaciones internacionales de la Universidad de Brasilia.

"Brasil continuará luchando por lograr un mayor rol en el escenario mundial, pero será más consciente de sus limitaciones", añadió.