Brasilia. La candidata oficialista para la presidencia de Brasil, Dilma Rousseff, era hace un año una burócrata poco conocida pero ahora parece encaminada a ganar las elecciones de octubre y sólo un evento inesperado, como un escándalo de corrupción, podría detener su avance.

La abanderada del Partido de los Trabajadores (PT) cuenta con el apoyo del popular presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el respaldo de una economía fuerte que le ha valido una ventaja en los sondeos de intención de voto, con 39% de preferencias frente a 34% de su principal contendor, el ex gobernador del estado de Sao Paulo José Serra.

Rousseff ha borrado la diferencia de 20 puntos porcentuales que le llevaba de ventaja hace unos seis meses el centrista Serra, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que está luchando por asestar algún golpe a su rival, quien promete más de lo mismo tras ocho años de Gobierno de Lula.

No obstante, la ex jefa de gabinete de Lula y ex ministra de Energía es poco probable que consiga la mitad de los votos necesarios para un triunfo en la primera vuelta electoral del 3 de octubre.

"No veo que su ventaja pueda ser afectada por nada menor a un gran escándalo de corrupción", dijo Fernando Lattman-Weltman, profesor de política de la Fundación Getulio Vargas, una escuela de negocios con sede en Río de Janeiro.

Lula, un ex líder sindical que atrae a la muchedumbre con su toque de sencillez, está previsto que aumente su participación en la campaña de Rousseff en los próximos días, lo que le daría una mayor ventaja.

"Desde ahora, Lula entrará al cuadrilátero más seguido", dijo a Reuters el presidente del PT, José Eduardo Dutra.

“Mala suerte”. Lula parecía casi sentir lástima por Serra en una entrevista publicada por la revista Istoé el fin de semana pasado, en la que afirmó que el ex ministro de Salud había tenido la mala suerte de competir contra él en las elecciones de 2002 y parecía estar maldito de nuevo este año.

"Creo que ha tenido mala suerte", declaró Lula, quien está impedido por la Constitución a postularse para un tercer mandato consecutivo.

La campaña de Rousseff parece estar captando más apoyo financiero que la de Serra, políticamente educado en la Liga Ivy y con amplia experiencia administrativa.

Rousseff estaría obteniendo tres veces más dinero en donaciones de empresas que Serra.

Pese a que es improbable, no es impensable que un dañino escándalo de corrupción pueda surgir para golpear a Rousseff.

Acusaciones de corrupción han salido a la luz a menudo durante campañas electorales y el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que forma parte de la coalición gobernante, ha sido el centro de varios de dichos escándalos.

Señalamientos de soborno y de financiamiento ilegal de campañas que involucraron al PT llevaron a Lula al borde de un proceso de impugnación en 2005 y recortaron su nivel de aprobación en 20 puntos porcentuales. El mandatario fue reelecto un año después.

Pero es poco probable que Rousseff, que podría impulsar un mayor rol del Estado en la economía, sea capaz de evitar una segunda vuelta electoral el 31 de octubre.

Para poder hacerlo, la ex ministra de Medioambiente, Marina Silva, que ocupa un lejano tercer lugar en los sondeos de intención de voto, tendría que salir de la carrera presidencial o caer mucho en las preferencias, consideraron analistas.

Silva cuenta con cerca de 10% de las intenciones de voto que serían principalmente de ecologistas e izquierdistas decepcionados con el moderado Lula.

Más debates por delante. Rousseff también enfrenta otros desafíos potenciales. Los candidatos tienen previsto participar en tres debates televisivos más. Además, avisos propagandísticos gratuitos por televisión comenzarán a salir al aire la próxima semana.

La candidata, que se presenta por primera vez a un cargo de elección popular, tiene un discurso que es a menudo demasiado técnico y su apariencia es rígida.

Los partidarios de Serra esperan usar la televisión para convencer a los electores de que está mejor calificado y tiene más experiencia, aunque Rousseff tendrá más tiempo al aire debido a que su coalición tiene un mayor número de escaños en el Congreso.