Sao Paulo. El video de YouTube que ayudó a extender las elecciones presidenciales de Brasil a una segunda vuelta comienza con el pastor Paschoal Piragine diciendo solemnemente a sus parroquianos: "En 30 años como pastor, nunca he hecho esto antes".

Entonces advierte que el oficialista Partido de los Trabajadores (PT) no sólo quiere legalizar el aborto, sino que facilitaría el divorcio, permitiría la propagación de la pornografía y seguiría permitiendo a tribus del Amazonas que entierren vivos a "miles de niños".

El video, que incluye impactantes imágenes y que ha tenido casi tres millones de visitas, concluye con el pastor bautista diciendo a sus feligreses que no voten por el PT en las próximas elecciones. "De otro modo, Dios va a juzgar nuestra tierra", afirma Piragine en las imágenes.

Las dudas de último minuto de muchos votantes cristianos evangélicos y católicos probablemente le costaron a la candidata presidencial oficialista, Dilma Rousseff, el triunfo en primera ronda en los comicios del domingo, sugieren sondeos de intención de voto.

Es improbable que ese cambio impida que Rousseff gane el balotaje del 31 de octubre contra su principal rival, el ex gobernador de Sao Paulo y abanderado del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) José Serra.

Sin embargo, la dos veces divorciada ex guerrillera, que en entrevistas pasadas ha cuestionado la existencia de Dios y apoyado mayores derechos pro aborto, enfrentará a un crecientemente poderoso bloque de "votantes de valores", que podrían convertirse en una gran fuente opositora si ella asume la presidencia.

"Simplemente no confío en ella y no estoy seguro de que lo haré algún día", dijo Piragine a Reuters por teléfono. "Hay muchos de nosotros que continuaremos oponiéndonos a su agenda si es presidenta", agregó.

Las elecciones podrían señalar un cambio de tendencia en la política brasileña, donde los temas sociales comienzan a opacar a asuntos económicos a ojos de algunos votantes, en la medida en que el país goza de una bonanza económica sin precedentes.

Rousseff también podría enfrentar una resistencia constante a su agenda desde un movimiento o partido basado en la fe, del mismo modo en que les ha sucedido a presidentes del Partido Demócrata de Estados Unidos desde la década de 1990.

Lo que es en papel el país católico romano más grande del mundo también alberga una mezcla de creencias sincréticas africanas, millones de creyentes no practicantes y una actitud a menudo relajada hacia el sexo y la moralidad.

La muestra más obvia de eso es el Carnaval de Brasil, un festival religioso en que las autoridades de salud reparten 55 millones de preservativos.

El aborto es ilegal en la mayoría de los casos en el país, pero no es difícil conseguirlos para los que pueden pagar en clínicas disfrazadas, con médicos conocidos localmente como "creadores de ángeles".

No obstante, a menudo se considera a los políticos en un estándar más elevado y la mayor atención a los temas morales durante estas elecciones ha coincidido con el incremento de los cristianos evangélicos, que ahora ascienden a un 20% de los brasileños.

Rousseff y su partido "no tienen una línea de pensamiento que sea consistente con la comunidad cristiana", dijo Dom Luis Gonzaga Bergonzini, obispo de la diócesis de Guarulhos, una ciudad industrial de 1,3 millones de personas en las afueras de Sao Paulo.

"Las personas informadas, que entienden lo que ella dijo, están en contra de ella y seguirán oponiéndose a la legislación contra nuestras creencias", dijo Bergonzini a Reuters. "No es sólo con los evangélicos; también es con nosotros", agregó.

Evangélicos buscan voz política. Rousseff ha dedicado esta semana a asegurar a los votantes que no cambiará las leyes existentes sobre el aborto.

La candidata dijo en el programa de noticias más popular de Brasil que "valora la vida en todas sus formas" y mencionó su crianza en el seno de una familia católica.

En una conferencia de prensa después de la primera vuelta, también agradeció a Dios en tres diferentes oportunidades por permitirle ganar un 47% de los votos.

Serra, un ex ministro de Salud en la década de 1990 que irritó a la Iglesia Católica al promover el uso del preservativo como parte de los elogiados esfuerzos del prevención del sida de Brasil, también es visto con suspicacia por muchos en la comunidad religiosa.

Cuando le consultaron al respecto, Bergonzini pensó por un momento, suspiró y lo calificó como "el riesgo menor". Eso probablemente va a limitar la capacidad de Serra de llevarse votos religiosos en el balotaje, especialmente de aquellos que el domingo votaron por la candidata del Partido Verde (PV), Marina Silva, una evangélica que registró una
tardía alza entre el electorado, que le valió el 19% de los sufragios.

Por ahora, no hay muchas opciones políticas para los votantes religiosos, lo que ayuda a explicar por qué un partido marginal, más conocido en Brasil por su ecologismo y por defender la legalización de la marihuana, obtuvo tanta aceptación.

Eso podría cambiar, en la medida en que una generación más joven y devota de políticos se abre paso en el PSDB y otros partidos.

Un bloque multipartidista de evangélicos en la Cámara baja del Congreso de Brasil creció a 64 diputados después de las elecciones del domingo, desde 39 representantes previos, y ahora forma un 13% de la sala, según el periódico local Valor Económico.