Brasilia. La candidata oficialista y favorita para la presidencia de Brasil, Dilma Rousseff, probablemente tomará el cargo con una amplia mayoría en el Congreso que, al menos en el papel, aumenta sus probabilidades de aprobar una serie de políticas económicas.

Impulsada por la enorme popularidad del presidente Luiz Inácio Lula da Silva y una enérgica economía, Rousseff seguramente vencerá a su principal rival de oposición, José Serra, en los comicios del 3 de octubre por una amplia mayoría, según los sondeos de intención de voto, pese a que su ventaja se redujo marginalmente esta semana.

Sin embargo, los partidos políticos de Brasil son notoriamente indisciplinados y mantener a la coalición de 10 partidos en línea será un gran desafío para Rousseff.

El mismo "efecto Lula" debería aumentar la mayoría de la coalición gobernante en 5 a 10 puntos porcentuales, a alrededor de un 70-75% en el Senado y a un 75-80% en la Cámara de Diputados, dijeron expertos, basados en recientes sondeos de opinión.

Eso daría a la ex jefa de Gabinete de Lula una enorme ventaja para aprobar leyes, incluyendo reformas constitucionales que necesitan de una mayoría del 60%.

"Dilma comenzará su mandato con mayor apoyo del Congreso que cualquier presidente elegido", comentó Ricardo Ribeiro, analista político de la consultoría MCM en Sao Paulo, en referencia al período tras la dictadura militar que gobernó el país entre 1964 y 1985.

Sin embargo, los partidos políticos de Brasil son notoriamente indisciplinados y mantener a la coalición de 10 partidos en línea será un gran desafío para Rousseff, quien nunca antes se había presentado a cargos de elección popular.

"Necesitará muy buenos operadores políticos, ella no tiene esa experiencia", dijo Christopher Garman, analista de Latinoamérica de la consultoría EurasiaGroup, con sede en Washington, D.C.

También es improbable que Rousseff, quien ha hecho campaña bajo la promesa de continuar con las políticas de Lula, tenga el apetito para realizar grandes cambios a la economía, que se encamina a crecer más de un 7 por ciento este año.

Reforma tributaria, prioridad. Rousseff ha prometido que tratará de lograr la aprobación de cambios al sistema tributario brasileño, que es uno de los más onerosos y complejos del mundo.

La candidata ha dicho que buscará modificaciones, incluyendo exenciones impositivas a inversiones de capital y salarios, así como también la armonización de impuestos estatales de valor agregado.

La funcionaria pública de 62 años también podría relanzar proyectos de ley estancados en el Congreso para mejorar el clima de inversión en Brasil.

Un proyecto de ley que fortalecerá el control del Gobierno sobre la industria petrolera probablemente obtendrá su aprobación final en el Congreso con un alto resultado de Rousseff en las elecciones.

Pero pocos analistas esperan que la abanderada oficialista persiga otras reformas que aumentarían la competitividad de Brasil, como una reformulación de las rígidas regulaciones laborales o los costosos beneficios previsionales.

Un problema potencial para los inversores de capital es la promesa de Rousseff de continuar fortaleciendo a las empresas estatales de energía, telecomunicaciones y financieras. Esa medida podría marginar la participación del sector privado en esas áreas.

Rousseff probablemente también apoyará un marco regulatorio que está siendo elaborado y que probablemente será presentado al Congreso este año, que restringiría la duración de las concesiones exploratorias en la industria minera.

Su aprobación allanaría el camino para discusiones sobre un posible aumento de las regalías del sector, afirman autoridades, aunque Rousseff niega que tenga esa intención.

La oficialista se ha rodeado de asesores con tendencias favorables al mercado, que aseguran que ella no expandirá dramáticamente el rol del Estado. Pero eso no ha calmado los temores de todos.

"Hay un riesgo. Tiene una visión de desarrollo económico más centrada en el Estado", dijo Roberto Padovani, economista jefe de Brasil del banco WestLB, en Sao Paulo.

En ese sentido, una clara mayoría legislativa para Rousseff es una "mala señal", comentó Padovani.