Brasilia. Dilma Rousseff se convirtió este sábado en la primera mujer presidenta de Brasil tras prometer ampliar una serie sin precedentes de éxitos económicos lograda por su predecesor y mentor, Luiz Inácio Lula da Silva.

Miles de admiradores esperaron bajo la lluvia y gritaron vítores cuando vieron pasar a Rousseff en un Rolls Royce de 1953, escoltada sólo por mujeres que componían su aparato de seguridad cuando se dirigía al Congreso.

La ex guerrillera marxista, quien evolucionó a través de los años hasta convertirse en una pragmática servidora pública con una obsesión profesa por la reducción de la pobreza, mostró una amplia sonrisa y aplaudió junto a los espectadores durante su juramento en el Congreso.

"Muchas cosas han mejorado en Brasil, pero este es sólo el comienzo de una nueva era", dijo al Congreso Rousseff, quien vestía un traje blanco con falda.

"Mi promesa es (...) honrar a las mujeres, proteger a los más frágiles y gobernar para todos", agregó.

Rousseff, de 63 años, hereda una pujante economía, que podría constituirse en la envidia de buena parte del mundo.

Más de 20 millones de brasileños salieron de la pobreza durante los ocho años de gobierno de Lula, gracias en gran medida a sus políticas de bienestar social y administración económica estable que hicieron de Brasil un mercado predilecto entre inversores de Wall Street.

La próxima década también se vislumbra brillante, con la pronta exploración de enormes reservas de petróleo costa afuera descubiertas recientemente, además de la realización en el país del Mundial de fútbol 2014 y de los Juegos Olímpicos 2016.

Desafíos. Sin embargo, Rousseff también enfrenta una larga lista de desafíos que Lula no resolvió, incluyendo una moneda sobrevalorada que está dañando a la industria, el alto gasto público que está alimentando la inflación y una notoria burocracia que paraliza las inversiones y desalienta la innovación.

Quizás la mayor tarea de la nueva presidenta será seguir el ejemplo de Lula, un ex líder sindical metalúrgico que deja su cargo con un índice de aprobación del 87% y un estatus casi de héroe popular, especialmente entre los pobres.

"Estoy aquí para agradecer a Lula por todo lo que ha hecho. Si Dilma puede hacer la mitad de eso, estaré feliz", dijo Izabel Rosales Figuereido, quien viajó desde el estado de Mato Grosso do Sul para ver la toma de mando de Rousseff.

"No se va, ni se irá nunca del corazón de quienes lo queremos, no se irá nunca de las páginas de la historia de Suramérica. Ha escrito Lula al frente del pueblo de Brasil una verdadera página y hazaña histórica", dijo por su parte el presidente venezolano, Hugo Chávez, quien participó de los actos de toma de mando.

Lula esencialmente escogió a Rousseff, su ex jefa de Gabinete, para ser su sucesora.

La funcionaria pública de carrera nunca antes había postulado a un cargo de elección popular y sigue siendo un poco un misterio para muchos brasileños, pero su promesa de continuar con las políticas de Lula fue suficiente para que ganara las elecciones de octubre por un amplio margen.

Impensable ascenso al poder. Rousseff lidera ahora un país que hace sólo cuatro décadas la persiguió como una enemiga el Estado.

Hija de un inmigrante búlgaro, Rousseff fue activa en la resistencia contra la dictadura que gobernó Brasil entre 1964 y 1985.

Fue encarcelada por cargos de subversión por tres años y sufrió de torturas. Varios de sus ex compañeros de celda estuvieron presentes en su juramento como presidenta este sábado.

Después del retorno de la democracia a Brasil, Rousseff tuvo una serie de empleos gubernamentales de nivel medio y adquirió una reputación como hábil tecnócrata, que no teme en llamar la atención de subalternos por un trabajo mal hecho o incompetencia, pero que a menudo parece carecer de empatía cuando trata con los votantes.

Más recientemente, superó un linfoma en el 2009 y usó una peluca por un corto período cuando se sometía a quimioterapia. Sus médicos han dicho que ya superó la dolencia.

Rousseff, quien designó a un experimentado y respetado equipo económico, prometió que mantendrá las políticas mayormente de mercado que ayudaron a cimentar el lugar de Brasil en el grupo de economías emergentes de rápido crecimiento que también incluye a Rusia, India, China y Sudáfrica.

En su discurso inaugural, la presidenta llamó a una reforma del oneroso y complejo sistema tributario de Brasil y señaló que intenta hacer de eso una de sus principales prioridades.

Sin embargo, Lula también intentó realizar varias reformas tributarias con éxito limitado, e impulsar los cambios a través de su coalición de 10 partidos en el Congreso no será una tarea fácil.

"La pregunta es si ella tiene el coraje y apoyo como para hacer frente a intereses creados", dijo Pedro Simon, senador del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el más grande de la coalición de Rousseff.

"Ya hay un ejército de canallas que quieren ensombrecer la victoria", agregó.

Debido a las demandas domésticas, es probable que la presidenta adopte un perfil internacional más bajo y evite controversias, como hizo Lula cuando enfureció a Washington al ofrecer una mediación sobre el programa nuclear de Irán.