Brasilia. La presidenta brasileña Dilma Rousseff prometió este miércoles que su gobierno no se vería "paralizado" por la renuncia de su ministro más poderoso, esperando poner fin a una crisis que ha preocupado a inversionistas y dañado sus relaciones con el Congreso.

En un desafiante y emotivo discurso ante importantes ministros y asesores, Rousseff dijo que lamentaba la partida de su jefe de gabinete, Antonio Palocci, quien renunció el martes luego de un escándalo por su enriquecimiento durante los últimos años.

Rousseff prometió no vacilar en su apoyo a un gasto presupuestario responsable y otras políticas que reforzaron la reciente prosperidad económica de Brasil, un mensaje elaborado para disminuir preocupaciones en Wall Street de que la partida de Palocci podría llevar a un menor control sobre las finanzas gubernamentales.

"Mentiría si dijera que no estoy triste", dijo Rousseff, mientras Palocci observaba, sonriendo. "(Pero) nunca nos paralizaremos por conflictos políticos. sabemos cómo lidiar con ellos y gobernar al mismo tiempo", sostuvo.

Palocci fue la principal voz dentro del gobierno de Rousseff a favor de fuertes recortes presupuestarios y otros esfuerzos para evitar que la economía de Brasil se sobrecaliente, cuando los precios mundiales de las materias primas aumentan e inversores introducen fondos en el país desde el extranjero.

La ausencia de un hábil operador político en el círculo interno de Rousseff podría exacerbar sus problemas con el Congreso, en especial si sus niveles de popularidad empiezan a caer a medida que la economía frena su crecimiento este año y la inflación -ahora en un índice anual de un 6,55%- sigue alta.

La moneda brasileña y la bolsa de valores cayeron levemente en línea con los mercados globales el miércoles.

La relativa calma reflejó la percepción de que no habrán grandes cambios en las políticas estables y ligeramente centro izquierdistas que han hecho de la economía brasileña una de las más atractivas del mundo.

Pero en el largo plazo el gobierno de Rousseff posiblemente sufrirá por la pérdida de su embajador más destacado ante los inversores extranjeros, ancla de la disciplina fiscal y del riguroso control de la inflación.

Dirigiéndose a la sucesora de Palocci, la poco conocida senadora Gleisi Hoffmann, Rousseff dijo: "Prepárate, querida (...) ya que nuestros compromisos son audaces". Señaló el control de la inflación, garantizar rigor fiscal, la creación de empleos y la reducción de la pobreza como sus prioridades.

Nueva fase de gobierno. La renuncia y el discurso del miércoles auguraron una nueva y potencialmente arriesgada fase para el gobierno de Rousseff.

Todavía no está claro si alguien asumirá el rol de Palocci como hombre clave en la política económica y relaciones con el Congreso.

En teoría, Rousseff goza de una amplia mayoría en ambas cámaras legislativas, pero sus planes de hacer más eficiente el código fiscal y promulgar otras reformas económicas no han avanzado debido a disputas internas dentro de su coalición.

Hoffmann, una senadora de 45 años cuyo cargo previo de más alto perfil fue como directora de finanzas de una represa hodroeléctrica, dijo que era probable que el portafolio del jefe de gabinete fuera más limitado de ahora en adelante.

Algunos en el Congreso se inquietaron por los cambios.

"(Hoffmann) no tiene la experiencia de Palocci, ella no tiene el liderazgo que Palocci tenía, la confianza que él transmitía a mucha gente, ni el tipo de habilidad política que demostró", dijo Sergio Guerra, legislador y jefe del partido de oposición PSDB.

Antes de las palabras de Rousseff, Palocci dio el que equivalió a un discurso de despedida de quien fuera una de las estrellas más brillantes del Partido de los Trabajadores.

Luego de una ovación de pie, Palocci negó haber obrado ilícitamente, pese a alegatos de que aumentó 20 veces su patrimonio durante su período como legislador entre el 2007 y el 2010.

La ausencia de un hábil operador político en el círculo interno de Rousseff podría exacerbar sus problemas con el Congreso, en especial si sus niveles de popularidad empiezan a caer a medida que la economía frena su crecimiento este año y la inflación -ahora en un índice anual de un 6,55%- sigue alta.

Rousseff podría hacer más cambios a su gobierno para intentar llenar el vacío. Los medios especularon que podría reemplazar a su ministro de Relaciones Institucionales, Luiz Sergio, luego de críticas de que fue un interlocutor poco efectivo con el Congreso.

La ex militante de izquierda podría tener que hacer más compromisos con sus aliados, lo que posiblemente ralentice una agenda que incluye una reforma tributaria positiva para los empresarios y un proyecto de ley que despejaría el camino para la explotación de enormes reservas de petróleo.

Existen también dudas sobre su autoridad luego de que el popular ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, su mentor, volvió al escenario político para intentar solucionar la crisis.

Sus asesores reconocen que el gobierno fue sorprendido con la guardia baja cuando emergieron las acusaciones contra Palocci el mes pasado, pues Rousseff no había dedicado suficientes esfuerzos a asegurar la armonía entre los aliados de la coalición, en especial con el partido PMDB.