Washington. La tensa e impredecible contienda por la Casa Blanca se complicó aún más cuando la gigantesca tormenta Sandy planteó un espinoso desafío político para el presidente Barack Obama y su rival republicano, Mitt Romney, además de abrir la posibilidad de un caótico proceso de votación.

Incluso antes de que la letal tormenta empezara a atravesar una paralizada Costa Este del país, la campaña presidencial tuvo que ser congelada justo cuando Obama y Romney planeaban realizar sus últimos eventos electorales a las puertas de los comicios del 6 de noviembre.

De repente, la última semana de lo que ha sido una amarga contienda por los corazones de los votantes en un electorado políticamente dividido se ha convertido en una prueba sobre gestión de crisis para Obama, dando a paso a un momento en que la retórica severa parece estar fuera de tono.

Ambos bandos prometieron dejar de lado la política para afrontar las consecuencias de la tormenta. Pero a nivel privado, se inquietan por el posible impacto de Sandy en una semana plagada de discursos de los candidatos y de eventos de campaña puerta a puerta por parte de los voluntarios, los cuales son cruciales en los esfuerzos por conseguir los votos.

También existe preocupación sobre los efectos en las votaciones anticipadas -una prioridad para ambas campañas pero esencialmente para la de Obama- y en el mismo día de la elección, puesto que algunos pronósticos indican que millones de personas y sus centros de sufragio seguirán sin energía eléctrica hasta bien entrada la semana próxima.

"Es una situación totalmente impredecible que puede influir de formas muy diferentes, con riesgos y recompensas para ambos candidatos, y esta es exactamente la razón por la cual los asesores políticos de ambos bandos están sumamente asustados", dijo Julian Zelizer, historiador de la Universidad de Princeton en Nueva Jersey.

La crisis brinda a Obama, que como presidente es responsable en última instancia por la respuesta del Gobierno a la tormenta, una oportunidad para mostrar un liderazgo del que Romney frecuentemente lo acusa de carecer.

El administrador de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés), Craig Fugate, indicó que podría haber consecuencias que duren hasta el día de la elección y prometió que su institución respondería al pedido de ayuda de cualquier estado.

Si Obama no alcanza a cumplir las expectativas, surgirán los recuerdos del daño político que sufrieron el ex presidente George W. Bush y los republicanos por la respuesta federal al desastre dejado por el huracán Katrina en el 2005.

Por otro lado, una gestión eficiente de Obama al mando de la Casa Blanca ante las consecuencias de la tormenta podría ofrecer una imagen positiva y duradera del mandatario demócrata entre los estadounidenses cuando vayan a votar la semana próxima, siempre y cuando las estaciones electorales estén abiertas y cuenten con energía eléctrica.

Obama canceló eventos de campaña programados para el lunes y el martes y regresó a la Casa Blanca desde Florida para reunirse con funcionarios de emergencia federales.

Carrera con obstáculos. El equipo de Romney, luego de hacer planes iniciales para continuar con la campaña, pareció reconsiderarlo y anunció cerca del mediodía del lunes que el ex gobernador de Massachusetts cancelaría un mitin en Wisconsin esa misma noche, además de su agenda electoral del martes.

Romney se sumó a Obama en los pedidos por donaciones a la Cruz Roja y expresó su solidaridad con las personas damnificadas por el paso de la tormenta.

Pero Sandy amenaza con marginar al candidato republicano en los preciados momentos finales de la campaña, al interrumpir sus esfuerzos por conseguir un impulso definitivo en la carrera presidencial.

También lo obliga a caminar sobre una delgada línea al momento de considerar sobre si lanzar o no ataques políticos contra Obama mientras el mandatario busca afrontar la crisis.

Y si la respuesta del gobierno a la tormenta es vista como un éxito, esto podría ser un recordatorio de que Romney apoya con energía el recorte de los fondos a las agencias de asistencia federal, bajo el argumento de que estos deberes deberían ser asumidos por los estados o quizás por el sector privado.

"Esto coloca zancadillas para ambas campañas", dijo el estratega republicano Ford O'Connell. "Nadie quiere parecer demasiado político en el medio de una crisis", aseveró.

Riesgos para el proceso de votación. La tormenta ya ha interrumpido las votaciones anticipadas en varios sectores, incluyendo a Virginia, uno de los ocho estados considerados como cruciales para definir el resultado electoral.

Pero mientras empieza a aclararse el alcance de los potenciales daños, había especulaciones sobre si el propio día de la elección se vería afectado, y sobre si el proceso de sufragio tendría que ser prolongado para permitir que las personas lleguen a las urnas.

1986

El administrador de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés), Craig Fugate, indicó que podría haber consecuencias que duren hasta el día de la elección y prometió que su institución respondería al pedido de ayuda de cualquier estado.

El funcionario dijo que FEMA estaba examinando cuánto podrá pagar para ayudar a reconstruir estaciones de votación eventualmente destruidas por el paso de Sandy.

Sería necesario que el Congreso estadounidense apruebe un acta para mover las elecciones desde su fecha establecida legalmente: el primer martes después del primer lunes de noviembre.

Pero puesto que los detalles sobre la celebración de las elecciones en Estados Unidos quedan en manos de los estados, cualquier decisión sobre si extender o no las horas de votación posiblemente se realizará en base a cada gobierno local.

Aquello genera el potencial para respuestas desiguales ante la posibilidad de una interrupción del proceso de votación y es posible que la política local incida en tales determinaciones.