Ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente Juan Manuel Santos presentó al mundo el proceso de paz que emprendió con las FARC.

Con su tono pausado característico, el mandatario destapó las cartas de la negociación que ya se conocen en el país. Y señaló que confía en poder entregar un balance positivo de este proceso en un año, ante esta misma asamblea, “sabiendo que este proceso debe tener plazos breves y términos concisos para ser exitoso”, señaló.

Con moderado optimismo, pero con la absoluta convicción de que es una oportunidad de paz real, el presidente reiteró que las conversaciones con la guerrilla para procurar el fin del conflicto armado se harán “sin descuidar la seguridad de los colombianos, ni ceder un milímetro en la lucha contra el terrorismo y el delito”.

También ratificó que los contactos exploratorios con las FARC empezaron hace dos años, sobre la base de una agenda corta y concreta y que gracias a los países garantes (Cuba y Noruega) las conversaciones se instalarán en Oslo en la primera quincena de octubre y continuarán en La Habana.

Revalidó, a su vez, el acompañamiento del gobierno de Chile y Venezuela, y sobre este último no dudó en decir que reconoce “su valiosa ayuda”. También aprovechó el escenario para agradecer a la comunidad internacional el apoyo que ha manifestado al inicio de estas conversaciones, así como su disposición de ayudar en lo que sea necesario.

El presidente Santos tiene claro que el palo en la rueda del desarrollo del país es el conflicto armado. “Colombia sufre hoy el conflicto interno armado más prolongado del hemisferio y uno de los más largos del mundo, un conflicto cada vez más anacrónico e inexplicable frente al desarrollo de nuestra democracia y nuestros progresos sociales”, dijo, y terminó el tema de paz agregando: “Hoy presentamos al mundo, con gran esperanza, este nuevo y especial momento de Colombia”.

Pero no todo fue acerca del tema de la paz. Santos insistió en la necesidad —que quedó apenas planteada en la pasada Cumbre de las Américas— de que se dé un debate franco y global sobre la política de guerra contra las drogas, y las posibles alternativas a ella:

“Es nuestro deber determinar, sobre bases objetivas científicas, si estamos haciendo lo mejor que podemos o si existen mejores opciones para combatir este flagelo. En esta dirección, dimos un mandato a la OEA para que en su seno inicie este análisis y esta discusión, invitando a otras entidades, la primera de las cuales, por supuesto, debe ser Naciones Unidas”.

También manifestó que Colombia apoya la reforma al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Estas modificaciones, según Santos, deben incluir “un cambio de composición y también de métodos de trabajo que nos permita avanzar con más eficacia en los objetivos de Naciones Unidas, es decir, en la paz y el bienestar de la humanidad”, dijo Santos.

Como hace un año, en el discurso del presidente estuvo presente el tema de la crisis de Haití, sobre la cual aseguró “seguimos trabajando” en busca de solución. Tampoco faltó en su intervención la alusión a la grave situación que vive Siria desde hace más de año y medio, y manifestó la frustración que siente como parte de la comunidad internacional por no haberle podido dar solución.

Por eso, ante los jefes de Estado de los 193 países miembros de la Asamblea General de la ONU, Santos también condenó de manera vehemente el atentado perpetrado contra el Consulado de Estados Unidos en Bengasi.