Ningún pacto estratégico suscitó tantos debates y emociones en América Latina como lo hizo el Plan Colombia en los últimos años. Hace ya más de 15 años que el expresidente Andrés Pastrana y su homólogo estadounidense Bill Clinton firmaran el acuerdo. Por lo menos sobre el papel, el Plan Colombia prometía éxitos en la lucha contra el narcotráfico y la guerrilla de las FARC en el país sudamericano.

Sobre dicho éxito hay opiniones enfrentadas. El Plan otorgó al Ejército competencias propias de los organismos policiales. Muchos miles de millones de dólares fueron transferidos desde Estados Unidos a las arcas colombianas. Los críticos se quejan de que estas ayudas sólo sirvieron para aumentar el derramamiento de sangre y deteriorar el respeto a los derechos humanos en Colombia. Los defensores del Plan, sin embargo, creen que obligó a la guerrilla izquierdista de las FARC a sentarse a negociar.

Los gobiernos de Bogotá y Washington comparten claramente una opinión: el 4 de febrero merece conmemorar el 15º aniversario de la firma del tratado. El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, viajó a Estados Unidos donde, este jueves (04.02.2016) será recibido por el presidente Obama.

Comienzo de una nueva era. En efecto, Colombia está en el umbral de una nueva era de paz. Desde hace más de tres años, las delegaciones del gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC negocian en La Habana un acuerdo de paz para poner fin al conflicto armado. Ambas partes están a punto de sellar un pacto. Ya hay fecha: el 23 de marzo de 2016 se firmará el acuerdo y, acto seguido, comenzará el desarme de las FARC. El jefe de los rebeldes, Timoléon Jiménez alias “Timochenko”, dijo el pasado sábado lo siguiente a la revista Semana: “Vamos a hacer política sin armas”.

Esto significa que el todavía en curso Plan Colombia –que implica apoyo en materia militar y de seguridad- tendrá que ser revisado para adaptarse al nuevo escenario. De esta manera, el objetivo dejará de ser la lucha contra las drogas y la guerrilla para centrarse en el apoyo activo al proceso de paz. Algo que también costará dinero: las víctimas deben ser compensadas y muchas tierras tendrán que ser devueltas. Además, cerca de 8.000 ex rebeldes necesitan una perspectiva profesional ahora que han dejado las armas.

Alemania ya está ayudando a Colombia a través de la concesión de un préstamo de aproximadamente US$300 millones. El presidente Santos espera un apoyo financiero y un compromiso claro por la paz por parte de su homólogo Barack Obama. “Comienza una fase diferente sin descuidar los temas que tradicionalmente nos han unido”, dijo Santos antes de partir hacia Estados Unidos. Colombia es algo así como un socio de confianza en América Latina para el país norteamericano.