Bagdad. Un caluroso día en Bagdad, Qassim Dakheel se encuentra sentado en cuclillas en su jardín y observa ansiosamente su manguera, esperando que fluya el agua.

En el empobrecido barrio de Dakheel, el Comité Internacional de la Cruz Roja (ICRC por sus siglas en inglés) reparte 140.000 litros de agua al día en camiones, sin los cuales unas 7.500 familias no tendrían agua. La red de cañerías de agua del gobierno no llega hasta sus casas.

Los 27 integrantes de la familia de Dakheel, que incluye a 10 hijos y 15 nietos, consumen 1.000 litros de agua al día de la ICRC. Pero esto no alcanza para satisfacer sus necesidades.

"Dependemos de este camión de agua. Si por alguna razón no viniese, ese día un vaso de agua sería tan preciado como un alma humana (...) nos quedaríamos sin nada. Nada para bañarnos ni beber", sostuvo Dakheel, de 47 años.

El gobierno sostiene que 84% del agua es apta para su consumo y que sólo 16% está contaminada.

Según estadísticas del gobierno citadas por la ICRC, uno de cada cuatro de los 30 millones de habitantes de Irak no tiene acceso a agua potable, un problema persistente a siete años de la invasión estadounidense que derrocó a Saddam Hussein.

Décadas de guerra y sanciones internacionales dejaron la infraestructura de Irak en pedazos. En muchas zonas como la de Dakheel, las cañerías del gobierno no llegan hasta los barrios recién construidos donde los residentes han levantado sus propias casas.

Las luchas sectarias de años anteriores dejaron más de 1,5 millones de iraquíes desplazados internamente. Dakheel, un chiita, dejó su casa en la zona sunita de Abu Ghraib, en el extremo oeste de la capital, para encontrar refugio en el distrito de Baladiyat, en el este de Bagdad.

Los camiones de agua de la ICRC comienzan su misión temprano por la mañana y funcionan hasta las 6 de la tarde para compensar los sistemas de distribución de agua que están viejos o mal mantenidos.

"El acceso confiable a agua de suficiente calidad sigue siendo un gran desafío para grandes partes de la población", dijo en un informe Julien Le Sourd, el coordinador del recurso y hábitat del ICRC en Irak.

Negligencias. Según el ministro de Planeamiento de Irak, 84% del agua que sale de los grifos está lo suficientemente limpia como para ser bebida y 16% restante está contaminado.

"El plan de desarrollo nacional para los años 2010-2014 alcanzará una buena cantidad de desarrollo en lo concerniente al agua potable, esperamos que el porcentaje aumente a más de 90%", dijo el viceministro de Planeamiento, Mehdi al-Alak.

La ICRC empezó a proveer a Baladiyat de agua en 2004 pero dado el mayor número de residentes, su situación está empeorando. Los residentes han pedido 80.000 litros de agua adicionales por día.

Raid Muhsin, alcalde del vecindario de Dakheel, dijo que de la riqueza petrolera de Irak llega poco a sus habitantes.

"Esto es negligencia del gobierno y sus funcionarios porque hasta ahora ninguno se ha hecho cargo de nosotros. Como si no fuésemos iraquíes", dijo Muhsin, mirando al camión de la ICRC cuando comenzada a bombear agua a un tanque de 10.000 litros en la calle. Cada tanque abastece a unas 10 casas.

"Lamentablemente, nos deshicimos de una situación opresiva para caer en otra (...) esperamos que las cosas estén mejor que antes sólo para encontrarnos hundidos en la miseria", dijo Muhsin.

Los funcionarios de Bagdad dicen tener problemas para producir agua y para distribuirla. Los 7 millones de habitantes de la ciudad necesitan 3,5 metros cúbicos de agua al día pero el gobierno sólo suministra 2,7 millones.

El mes pasado, la municipalidad de Bagdad dijo que la escasez de agua terminaría en dos años. Hace ocho meses se firmó un acuerdo con Degremont, una subsidiaria de Suez Environment, para reconstruir el dilapidado sistema hídrico de la ciudad y está previsto que finalice al cabo de 20 meses.

Dentro de la cocina de la casa de Dakheel, la vida parece estar detenida a la espera de agua para lavar los platos del desayuno y limpiar el piso.

"Esperamos que venga el camión de agua, para poder empezar a trabajar. La cantidad no nos alcanza para todo un día", dijo Sanaa, la hija de Dakheel, mirando incómoda hacia las pilas de platos sucios en el fregadero de la cocina.

Dakheel no espera mejora alguna, incluso después de la formación de un nuevo gobierno tras unas elecciones parlamentarias no concluyentes realizadas hace más de tres meses.

"Hace cuatro años que estoy desplazado. Ahora vivo en un desierto y el gobierno no ha hecho nada. Gracias a la gente de afuera de Irak que se apiada de nosotros", manifestó.