El debate sobre el mar también divide a los diplomáticos entre quienes piensan que el acceso soberano es irrenunciable y no hay alternativa, y quienes piensan que se puede ensayar soluciones “de medio camino”, intermedias (corredor sin soberanía pero en vista de obtenerla luego).

En la primera tendencia se ubica el ex canciller Javier Murillo, que distingue entre “solución portuaria” y “solución costera”: “para mí, lo único que vale es la solución costera, y es que la costa es lo principal y el puerto es lo accesorio; hay que tener en cuenta que nosotros estamos geográficamente enclaustrados, no estamos portuariamente enclaustrados. Lo que nosotros hemos perdido es cualidad marítima, uno de los atributos de la soberanía”.

En la otra vereda se halla el historiador Ramiro Prudencio Lizón, quien considera que, en lo práctico, es necesaria la gradualidad: “Hay que dar pasos. El primero es aceptar una concesión sin soberanía. Ésta no será fácil por dos cosas: porque en Chile no hay simpatía para eso y, segundo, porque en Bolivia no se ve tampoco fácil que se acepte el canje territorial. Luego, cuando Bolivia pueble ese corredor sin soberanía, ya después podrá negociar (en mejores condiciones)”.

Canje territorial, el dilema boliviano. El tema del canje territorial fue introducido por Chile ya en el año 1975, cuando en medio de las conversaciones surgió la propuesta de la cesión a Bolivia de la franja al norte de Arica.

El canje o compensación territorial es un hecho objetivo de la negociación que llevaron adelante Bolivia y Chile.

Y “es que es muy difícil que cualquier país esté dispuesto, en la mesa de negociaciones, a perder territorio. Para mí la lógica del canje (para Bolivia) es tener el mismo número de kilómetros cuadrados que tenemos pero con mar; estaríamos dando un territorio a cambio de otro que nos conecte con el océano Pacífico”, reflexiona el ex canciller Javier Murillo.

De último, se ha planteado como factor de negociación al gas; con todo, insiste Murillo, “no se puede compensar la pérdida de un atributo, como el de la soberanía marítima, sino con un bien político, jurídico y económico equivalente, lo que descarta el camino de las soluciones meramente comerciales”.

El doble filo de los referendos nacionales. El canciller boliviano, David Choquehuanca, reconoce que sea cual fuere el resultado de las negociaciones que hagan los gobiernos de Bolivia y Chile, por la dimensión del tema, necesariamente en ambos países se deberá ir a consulta o referéndum ciudadano.

Según la experiencia que se tiene en este tipo de consultas, señala el ex canciller Murillo, es decisiva la información que el Gobierno dé a la población y la forma en que lo haga.

En Chile, por ejemplo, “si existe una verdadera voluntad del Gobierno chileno de informar los beneficios que existe de un arreglo con Bolivia, si se hace esta tarea, es posible que los resultados de la consulta sean positivos (para Bolivia)”.

De ahí que en el fondo, mucho del referéndum en Chile depende de la voluntad real que tenga su Gobierno para plantear el tema a la ciudadanía. En el caso boliviano, el problema estará sin duda en la cesión que el país deberá hacer ante una demanda chilena.

Si bien en todos los anteriores gobiernos la opinión pública boliviana de plano rechazó, por ejemplo, el canje territorial a cambio de un corredor, también hay que considerar la evolución que pueda haber tenido la conciencia ciudadana, destaca el historiador Prudencio.