Roma. El influyente presidente de la Cámara baja de Italia se negó este viernes a dimitir tras ser censurado por su propio partido y dijo que sus seguidores en el Parlamento votarían contra el Gobierno de su antiguo aliado, el primer ministro Silvio Berlusconi.

"Obviamente no tengo intención de dimitir", dijo Gianfranco Fini en una rueda de prensa atestada, un día después de que Berlusconi le expulsara del partido que fundaron conjuntamente hace dos años, una decisión que eleva las posibilidades de que se celebren elecciones anticipadas.

Un Fini combativo también atacó a Berlusconi por "no tener exactamente un concepto liberal de la democracia" y por intentar dirigir un Gobierno con un líder autocrático, "algo que no tiene nada que ver con nuestras instituciones democráticas".

De pie detrás de Fini, de 58 años, estuvieron los parlamentarios que se le unieron en la rebelión del partido y que llamaron a su facción Libertad y Futuro para Italia.

Un funcionario parlamentario dijo después que tenían 33 miembros en la Cámara baja, además de Fini, lo que les permite privar a Berlusconi de la mayoría con la que cuenta. Tienen 10 representantes en el Senado, lo que podría reducir la mayoría de Berlusconi a dos votos.

Fini sostuvo que sus seguidores "apoyarían lealmente al Gobierno siempre que actúe en el marco del programa electoral, pero no dudarán en combatir las propuestas que sean injustas o que dañen los intereses más generales".

No mencionó el riesgo de elecciones anticipadas, que según analistas políticos es una posibilidad real.

En una tensa cadena de eventos que llegó a su punto más álgido este jueves por la noche, Berlusconi acusó a Fini de ser un traidor y un conspirador y de intentar infligir una "muerte lenta" a su partido.

Tras meses de tensión y hostilidad abierta entre los conservadores, el partido de Berlusconi emitió una severa nota censurando a Fini, y dijo que sus acciones ya no reflejaban las ideas del grupo que ayudó a fundar.

La coalición, compuesta por el Pueblo de la Libertad (PDL) y la Liga Norte, necesita una mayoría de 316 legisladores en la Cámara baja. Antes de la división, podrían suponer hasta 344 votos, incluyendo 14 de los partidos más pequeños que deciden la votación según las intereses.

Sin embargo, los nuevos números podrían privar a Berlusconi de su cómoda ventaja de casi 30 votos, dejándolo a merced de los partidos pequeños o incluso de la Liga Norte, que causó el colapso de su primer Gobierno en 1994.

Elecciones anticipadas. La situación generada por la implosión del centroderecha no tiene precedentes y no hay guías institucionales sobre los pasos que se darán en los próximos días o semanas.

Analistas dijeron este viernes que Berlusconi afirmó a sus asesores que había suficientes desertores y "si nos hacen la vida difícil" preferiría celebrar elecciones adelantadas porque está seguro que su partido tendrá buenos resultados sin Fini.

Fini enfureció al primer ministro al insistir con ahínco en el tema de la moralidad y la legalidad del Gobierno, señalando que las autoridades implicadas en investigaciones judiciales deberían dimitir.

Comentaristas aseveraron que si la situación política se vuelve inestable, el presidente Giorgio Napolitano podía designar un gobierno interino que lidere el país hasta las nuevas elecciones, al estilo de la administración dirigida por el ex ministro de Economía Lamberto Dini en 1995 tras el colapso del primer gobierno de Berlusconi.

Berlusconi se entrampó durante meses en el conflicto con Fini, que en el pasado era visto como su heredero para liderar la centroderecha.

El documento de censura, que firmaron 33 de los 36 miembros de la presidencia del PDL, destituye a Fini de sus puestos por defender posiciones incompatibles con la línea del partido.

El texto acusó a Fini, que cofundó el PDL con Berlusconi hace dos años, de alentar la "oposición política" dentro de su propio partido y de intentar provocarle una "muerte lenta".

En su rueda de prensa, Fini hizo una lista de las acusaciones en su contra como si estuviera en el banquillo y, desafiante, las rechazó todas.

Fini, ex neofascista, disolvió su propio partido, la Alianza Nacional, para fusionarse con Forza Italia, de Berlusconi, luego de casi 14 años de apoyarlo en tres gobiernos anteriores.