Ferguson, EE.UU. La pequeña localidad norteamericana de Ferguson, donde murió el joven afroamericano de 18 años Michael Brown a manos de un oficial de policía blanco el 9 de agosto de 2014 cuando iba desarmado, volvió a acaparar la atención mundial tras declararse el estado de excepción este lunes en respuesta al tiroteo entre la policía y manifestantes la noche del domingo.

Un día de manifestaciones mayormente pacíficas para conmemorar el primer aniversario del fallecimiento de Brown se vio manchado por el tiroteo en que agentes de policía dispararon e hirieron de gravedad a Tyrone Harris Jr., otro joven afroamericano de 18 años de edad.

Harris ha sido acusado por la fiscalía del condado de cuatro cargos de delitos graves por atentar contra las fuerzas del orden. Sin embargo, su padre declaró que Harris iba desarmado y es inocente, según informó la prensa local.

De acuerdo con las informaciones, al menos tres personas fueron alcanzadas por los disparos y decenas fueron detenidas después de que las manifestaciones del domingo se tornaran violentas.

Ferguson, un barrio periférico de San Luis (estado de Misuri) con una población de poco más de 20.000 habitantes, generó hace un año una "tormenta política" a nivel nacional sobre las relaciones raciales a causa de la muerte de Brown a manos del oficial de policía blanco Darren Wilson durante un enfrentamiento, lo que condujo a un debate nacional sobre el trato policial hacia las minorías.

Lo ocurrido con Harris un año después mientras cientos de personas se congregaban en Ferguson para conmemorar la trágica muerte de Brown agrava las ya tensas relaciones raciales en EEUU.

Aún no queda claro qué provocó el tiroteo del domingo. Pese a que Harris fue acusado de abrir fuego contra oficiales de policía, falta por aclarar si la policía reaccionó adecuadamente.

No resulta accidental que la gente cuestione el comportamiento policial en el tiroteo de la noche del domingo, ya que un informe del Departamento de Justicia estadounidense divulgado a principios de marzo describió el racismo sistemático existente dentro del Departamento de Policía de Ferguson.

Mientras que un 65 por ciento de la población de Ferguson es afroamericana, apenas un seis por ciento de los oficiales de policía del pequeño pueblo de Misuri son de raza negra, informó la BBC.

Como escandaloso símbolo de las relaciones raciales, Ferguson ha atraído nuevamente la atención nacional, recordando a todos en el poderoso país sobre su prominente debilidad.

Más allá de los casos extremos como este, las brechas raciales están presentes en muchos aspectos de la vida social, privando a los afroamericanos de las buenas oportunidades que disfrutan los blancos.

Estadísticas publicadas en julio por el Departamento del Trabajo de EE.UU. indican que la tasa de desempleo sigue siendo mucho más alta entre la población de raza negra, con el 9,1%, en comparación con el 4,6% de los blancos.

Un estudio emitido también en julio por la Red de Mujeres Donantes reveló que el 95 por ciento de los fiscales electos en Estados Unidos son blancos, mientras que sólo el cuatro y el uno por cientos son hombres y mujeres pertenecientes a las minorías, respectivamente.

Como demuestran las estadísticas, la disparidad racial en EEUU es institucional, por lo que se necesitan de amplios esfuerzos para reparar la creciente brecha.

Los recientes disturbios en Ferguson sirven nuevamente como una evidente recordación de esta apremiante cuestión. Sin una reacción oportuna y adecuada, la violencia no cesará.