Washington. El jefe del servicio secreto de Estados Unidos pidió disculpas este miércoles en su primera aparición pública desde un escándalo que involucró a prostitutas colombianas y a sus empleados, pero legisladores manifestaron dudas de que se haya tratado de un hecho aislado.

Mark Sullivan enfrentó al Comité de Seguridad Nacional del Senado y afirmó que el comportamiento de una decena de empleados en Cartagena el mes pasado no refleja la cultura de la agencia.

"Estoy profundamente decepcionado y pido perdón por la mala conducta de estos empleados y la distracción que causó", afirmó Sullivan.

"En las últimas semanas hemos estado bajo intenso escrutinio como resultado de este incidente. Ver cuestionada la integridad de la agencia no ha sido fácil", agregó.

En el mayor escándalo que ha afectado a la agencia que protege al presidente, una decena de empleados del servicio secreto fueron acusados de mala conducta por llevar a mujeres, algunas de ellas prostitutas, a sus habitaciones en un hotel en Colombia días antes del arribo de Barack Obama para participar en la Cumbre de las Américas.

La senadora Susan Collins, la más alta representante de los republicanos en el comité, dijo que "el comportamiento es moralmente repugnante". Ella y otros senadores dijeron que les cuesta creer que la falta de conducta haya sido un hecho aislado.

Collins afirmó que no había excusa para esa "imprudencia" y que los empleados del servicio secreto se habían "convertido voluntariamente en blanco" y que fácilmente podrían haber sido drogados, secuestrados o chantajeados.

Sullivan declaró a los senadores que era "simplemente absurdo" creer que ese tipo de conducta fuera condonado de cualquier forma por la agencia.

"Esa reputación, una gran reputación, fue muy manchada el mes pasado cuando 11 empleados del servicio secreto participaron en una noche de fuerte ingestión de bebida en Cartagena, Colombia, que terminó con ellos llevando a extranjeras, mujeres, a sus habitaciones de hotel", dijo el presidente del comité y político independiente Joseph Lieberman.

Durante el curso de la investigación, el servicio secreto se enteró que otro empleado había protagonizado un hecho similar anteriormente en la semana en Cartagena.

"Si uno de los agentes no hubiera discutido con una de las mujeres respecto a cuánto le debía, el mundo nunca habría sabido esta sórdida historia", comentó Lieberman.