Daniel Bell, quien fuera activo miembro de la Juventud Socialista de Nueva York y posteriormente destacado profesor de sociología de las universidades de Harvard y Columbia, ha sido un reconocido estudioso del proceso de transición del modernismo a la postmodernidad, y de las características y demandas de la sociedad postindustrial que se está configurando.

Para Bell la lucha de clases ya no es la ley de la historia que señalaban los marxistas en la sociedad industrial, pues ahora la gran fuerza transformadora es el conocimiento y la información, y por ende, la educación adquiere un papel fundamental frente a estas nuevas realidades.

Recordemos que Albert Einstein hizo igualmente su profético señalamiento, cuando afirmó hace más de cinco décadas que los imperios del futuro serían los imperios del conocimiento.

Es por ello que, a nivel planetario, se está impulsando una profunda expansión de la educación y, en el caso específico de la educación superior, se estima que en la actualidad hay 170 millones de estudiantes, con posibilidades de que esta cifra se duplique en las próximas dos décadas.

Pero el cambio no es solamente cuantitativo, sino de profundas transformaciones en el modelo educativo tradicional y en la institución universitaria para responder a la explosión de conocimientos que caracteriza a la sociedad global, con una educación que, tal y como lo plantea Edgar Morin, permita reformar el pensamiento para enseñar a pensar bien, a fin de actuar correctamente, con una educación centrada en la condición humana, en los valores de la libertad y de la solidaridad, y por tanto, al margen del pensamiento único.

Los países más avanzados están respondiendo a estas demandas con una activa participación de universidades públicas y de universidades de gestión privada. En relación a estas últimas, en países como los Estados Unidos, sólo el 40% de las universidades son públicas y entre las universidades privadas es notoria la calidad y el reconocimiento mundial de varias de ellas, como son los casos de Harvard, Columbia, Chicago, MIT, Cornell y Yale, que han acumulado, al año pasado, 165 premios Nobel, es decir el 25% de los que se han otorgado a nivel mundial, y el 40,5% de los recibidos por universidades de ese país.

También debe destacarse el crecimiento que han tenido las universidades privadas en países que hasta la década de los 80 estaban regidos por un sistema comunista, incluyendo a Rusia, donde operan 655 universidades públicas y 450 privadas que tienen el 17% de la matrícula de educación superior. Pero igualmente están los casos de Rumania con 56 universidades estatales y 55 privadas; Polonia con más del 50% de universidades privadas. Igual sucede en la República Checa con 38 universidades privadas, y en Vietnam, donde desde los años 90 empezaron a funcionar universidades privadas y semi privadas.

El caso más notorio es China que ha tenido un notable crecimiento económico, bajo un modelo que se está abriendo a inversiones privadas, y a partir de 1990 le ha dado un gran impulso a la educación superior, con la expansión igualmente de las universidades privadas que actualmente son 1.270, con 1,5 millones de estudiantes, el 7,9% del total de la matrícula universitaria. Desde 1996, las universidades públicas chinas cobran matrícula, según la capacidad económica de sus estudiantes.

En América Latina se ha logrado una expansión armónica de lo público y privado en la gestión de la educación superior, y de las 2.940 universidades activas, 1.917 son de gestión privada, ubicándose cinco de ellas entre las 25 más prestigiosas de la región.

En Venezuela, las universidades privadas operan sustentadas con un rango constitucional, tal y como lo prevén los artículos 102, 104, 106 y 109 de la Carta Magna, que reconoce a la educación como un servicio público basado en el respeto a todas las corrientes del pensamiento, en la promoción de una sociedad democrática, en la operación sin ingerencias partidistas, en la autonomía universitaria y en la posibilidad de que puedan fundarse y "mantener instituciones educativas privadas bajo estricta inspección y vigilancia del Estado, previa aceptación de este".

En el país existen 26 universidades privadas que representan el 50% del total, con una matrícula cercana al 20% del estudiantado universitario. Este esquema equilibrado de la oferta universitaria debe preservarse, como lo han venido promoviendo, la gran mayoría de los países, incluyendo los regidos por gobiernos socialistas, pero que sabiamente reconocen que frente a las complejidades y la dinámica de cambios de la sociedad del conocimiento, se requiere impulsar, en un esfuerzo del Estado y la iniciativa particular, una mayor y novedosa oferta universitaria sin sesgos ideológicos ni complejos populistas.

Esta columna fue publicada originalmente en ElMundo.com.ve.