El flamante presidente de ese país juró el cargo que lo convierte en el 47mo mandatario, con un discurso en el que además prometió conversar con todos los sectores y favorecer a los sectores más desprotegidos.

En un estadio casi colmado, con miles de niños que lo vivaban y varios mandatarios de la región especialmente invitados, Luis Guillermo Solís habló 20 minutos en los que prometió asistir a quienes "sufren mayores privaciones" y anticipó que sus ministros firmarán un código de ética.

Historiador y politólogo, de 56 años, ganador de las elecciones como candidato del Partido Acción Ciudadana (PAC), el nuevo mandatario afirmó que no asumía el cargo como "un trofeo que se alcanza luego de la batalla", sino con un compromiso para que el país inicie una "nueva y diferente etapa que barra con las formas tradicionales de gobernar".

Solís ganó cómodamente la segunda ronda electoral del 6 de abril, con el voto de 1,3 millones de costarricenses, la mayor adhesión alcanzada en una elección presidencial en el país, y sin rival, porque si bien constitucionalmente estaba impedido para renunciar, el candidato oficialista había abandonado la campaña.

"No es un cheque en blanco, o patente de corso: es una obligación a cumplir con el pueblo", dijo Solís, que pidió que se lo corrija cuando se equivoque. "Reclamen si no los escucho; voy a gobernar con sensatez, honradez y coherencia", señaló.

Las muestras de su emoción en el acto sirvieron para patentizar el estado de nerviosismo que admitió antes, cuando afirmó que se sentía como "una novia a punto de entrar a la iglesia".

"Me propongo devolver la confianza a un pueblo en un contexto de libertad y justicia, que haya una fiscalización activa, con un gobierno de puertas abiertas, sin revanchismo político, con diálogo abierto a todos", aseveró, mientras sonaban gritos de "sí se puso".

El nuevo presidente instó a resolver la "contradicción perversa de un modelo económico que concentra la riqueza en una pocas manos", llamó a "un esfuerzo negociador y a un diálogo fecundo" y volvió a prometer "un gobierno transparente, de rendimiento de cuentas día a día, cumpliendo lo que el pueblo señale".

Solís avisó al sector privado que "llegó la hora de terminar con la complicidad con el Estado", sostuvo que no habrá tregua a la evasión fiscal y propuso un gran entendimiento para "ganar la batalla al desempleo y poner orden el la red vial".

También le pidió a la nueva Asamblea Legislativa que profundice el diálogo necesario en un congreso multipartidario para que se pueda cantar "el himno siempre nuevo, de la paz y la esperanza", reportaron las agencias Ansa y EFE.

Solís recibió la banda presidencial de manos del diputado Henry Porras, presidente del Plenario, mientras miraban y aplaudían los presidentes de Ecuador, Rafael Correa; de Bolivia, Evo Morales; de República Dominicana, Danilo Medina; de Honduras, Juan Orlando Hernández; y de Guatemala, Otto Pérez Molina.

El acto fue en el Estadio Nacional, bajo un calor agobiante, en un ambiente festivo con música popular y cientos de niños vestidos de blanco, azul y rojo, y la banda municipal San José sonando con canciones populares.

Los invitados especiales y miembros del nuevo gabinete fueron quienes más sufrieron bajo el sol, porque debieron esperar en sus asientos en la tarima principal. Los primeros aplausos fueron para el ingreso de los 57 diputados entrantes.

Salís entró acompañado de su esposa, la española Mercedes Peñas, y sus seis hijos, Mónica, Cristina, Beatriz, Diego, Ignacio e Inés, levantó sus brazos para saludar y encaro a la tarima. Estaba a punto de iniciar su mandato 2014-2018.