Caracas. Durante años, el imparable presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha provocado a sus frustrados oponentes con la perspectiva de que gobernaría una tercera década de este siglo.

Pero el aura de invencibilidad, que es una de sus armas políticas más potentes, resultó dañada la noche de este jueves cuando el líder de 56 años anunció desde Cuba, a su pueblo y al mundo, la extirpación de un tumor cancerígeno.

En lugar del torrente de prosa rimbombante, que brota de Chávez con tanta facilidad como el crudo sulfuroso por el que Venezuela es famoso, el mundo vio a un hombre humilde que reconoce los límites de su propia mortalidad y que da las gracias a Dios por su recuperación.

Tampoco se vio la desbordante energía del gran político de América Latina cuya resistencia y discursos maratónicos han extendido su influencia y la de su país productor de petróleo por todo el mundo.

Un Chávez apagado y más delgado leyó detenidamente un discurso preparado que, a pesar de su tono heroico, fue contenido en sus referencias a la recuperación.

Sus propios comentarios "Creo que lo hemos logrado, gracias Dios mío" sonaban más a expresiones de fe que a la convicción triunfal con que suele expresarse.

En lugar de sus amenazas habituales de borrar a sus enemigos políticos de la faz de la tierra, Chávez habló con serenidad de contemplar "el abismo".

Comparó su encuentro con el cáncer con otros contratiempos críticos en su vida política de dos décadas, como su fallido golpe de 1992 y su breve derrocamiento en el 2002 durante un golpe de Estado contra su Gobierno.

Chávez salió victorioso de esas dos derrotas temporales, llegando al poder en las elecciones de 1998 y consolidando su Revolución Bolivariana tras el 2002, con nacionalizaciones radicales y políticas sociales que desafiaron directamente a Estados Unidos.

Sin fecha de retorno. Pero la naturaleza incierta de su recuperación -las últimas palabras de su discurso desde La Habana, "Hasta mi retorno", no dieron ninguna fecha aproximada- han encendido más que apagado las especulaciones sobre su futuro político, especialmente por la próxima batalla electoral del 2012.

La perspectiva de un vacío de poder y la posible inestabilidad del miembro de la OPEP, Venezuela, preocuparán a muchos, aunque tanto Chávez como sus ministros han insistido en que el indiscutible líder de la Revolución Bolivariana, que no tiene un sucesor chavista claro, continúa al mando.

"Que nadie tenga dudas, es Chávez quien manda aquí", dijo el ministro de Energía Rafael Ramírez.

Chávez salpicó su discurso del jueves con entusiastas elogios a su mentor político, el ex presidente cubano de 84 años Fidel Castro, de quien el ex paracaidista venezolano tomó la militancia contra Estados Unidos en América Latina.

Describió a Castro como un "gigante".

El mismo Castro, un gigante político que ha dominado Cuba durante casi medio siglo y ha divulgado su mensaje revolucionario por todo el planeta, cayó enfermo en el 2006 y tuvo que traspasar el poder a su hermano menor Raul, que es el actual presidente de Cuba.

Aunque Castro continúa siendo un oráculo obstinado y escriba de los asuntos mundiales, el foco revolucionario de Cuba se ha debilitado claramente al disminuir su liderazgo y a medida que el transcurso de la historia se ha alejado del modelo de sistema comunista de partido único.

Parece adecuado que fuese Castro, según Chávez, quien informase personalmente al líder venezolano que los médicos cubanos que le atendían habían descubierto un tumor cancerígeno que requiere una segunda operación tras la primera excisión de un absceso pélvico.

Ambos hombres, almas gemelas en ideología y enérgicas políticas populistas, parecen confirmar la realidad de que se puede vencer a los oponentes políticos e incluso sobrevivir a intentos de asesinato y golpes de estado, pero no se puede vencer a la biología.