Londres. El índice de aprobación del primer ministro británico, David Cameron, alcanzó su nivel más bajo desde que asumió el cargo, mostró un sondeo, después de que su partido conservador fue criticado por un impopular presupuesto, vínculos con ricos donantes y un mal manejo de una inminente huelga de combustibles.

En la peor semana de relaciones públicas para la coalición de Gobierno conservadora-liberal desde que asumió el poder en el 2010, los laboristas subieron en el sondeo YouGov/Sunday Times a 42 puntos, una ventaja de nueve puntos sobre los conservadores.

El cambio se produce en momentos en que periódicos tradicionalmente partidarios del Gobierno están acusando a los ministros de estar fuera de contacto con las vidas de la gente común en un momento de estancamiento económico.

El presupuesto del 21 de mayo, que cimentó el plan de austeridad de siete años del Gobierno, recortó impuestos sobre la renta para la gente de mayores ingresos pero se llevó las exenciones fiscales para las personas mayores, lo que agravó la imagen de los conservadores como un partido que favorece a los ricos.

El presupuesto también contenía un alza de impuestos para los alimentos calientes como las empanadas de carne, una merienda popular, lo que dio argumentos a los laboristas para acusar a los ministros de no entender las vidas de la mayoría de los votantes.

En una confesión embarazosa, el ministro de Finanzas, George Osborne, dijo que no podía acordarse de la última vez que comió una empanada de Greggs, una cadena de panaderías barata favorecida por la clase trabajadora.

Cameron, cuya popularidad cayó 15 puntos a -26, no logró convencer cuando dijo que era un fan de esa merienda y que la última vez que había comprado una fue en una sucursal de la panadería dentro de la estación de trenes en la norteña ciudad de Leeds. Esa sucursal había cerrado en el 2007.

El partido fue golpeado por otro escándalo esta semana tras una investigación realizada por periodistas de un diario, que descubrieron que un tesorero conservador ofrecía acceso al primer ministro a cambio de una considerable donación al partido.

Los ministros también fueron fuertemente criticados por desatar una compra de pánico de combustible, después de que reaccionaron a una potencial huelga de los choferes de camiones de gasolina instando a los automovilistas a dejar sus autos con el estanque lleno y a que acumularan combustible en sus hogares.