La rápida condena contra el ex mayordomo del Papa deja persistentes sospechas de que era un peón en una intriga mucho más amplia en el Vaticano con luchas intestinas en la corte papal y una presunta corrupción en los niveles más altos de la iglesia Católica.

A pesar del deseo del Vaticano de pasar página rápidamente en uno de los peores escándalos de su historia reciente, el juicio a Paolo Gabriele por filtrar documentos comprometidos ha dejado muchas preguntas sin resolver, haciendo que algunos lo hayan considerado un encubrimiento.

El juicio se resolvió con una tremenda velocidad, acabando este sábado después de sólo cuatro sesiones, y era un secreto a voces que acabaría antes del sínodo mundial de obispos que empezó este domingo y durará tres semanas.

"El Vaticano lo encubre todo", tituló Il Fatto Quotidiano, uno de los periódico que publicó material filtrado por Gabriele, que tenía un acceso privilegiado a los aposentos papales.

Aunque otros comentaristas fueron menos categóricos sobre la posibilidad de un encubrimiento orquestado, la mayoría estuvieron de acuerdo en que el juicio había dejado muchos misterios sin solución e inexplicables contradicciones.

"Me parece que ha habido un claro esfuerzo por parte del Vaticano para mantener cualquier revelación dentro de sus muros", dijo John Allen, autor de numerosos libros de la iglesia Católica y el papado.

"Su intento por ser transparentes manteniendo el juicio en primera plana ha tenido sólo un éxito relativo", declaró a Reuters.

Gabriele fue sentenciado a 18 meses de reclusión, que cumplirá en arresto domiciliario a la espera de una dispensa papal.

Corrupción y el mal. Los documentos filtrados constituyen una de las mayores crisis del papado de Benedicto XVI, abochornando al Vaticano mientras trataba por superar una serie de escándalos sobre abusos a menores en los que estaban relacionados sacerdotes y una mala gestión de su banco.

Gabriele declaró a los investigadores que había actuado porque vio "el mal y la corrupción por todos lados en la Iglesia" y que se había escondido información al Papa.

Gabriele comenzó a acumular documentos en 2006, cuando empezó a trabajar como mayordomo del Papa, pero algunos se preguntan por qué no los filtró hasta este año. ¿Estaba siguiendo órdenes de otras autoridades vaticanas?

Como miembro del pequeño y selecto grupo conocido como "la familia papal", el privilegiado acceso del que disfrutaba Gabriele era tal que era una de las menos de diez personas que tenían la llave del ascensor que accedía directamente a los aposentos papales.

Muchos observadores vaticanos se muestran escépticos con que un mayordomo pudiera haber actuado totalmente solo y sugieren que pudo haber sido obligado a asumir todas las culpas para esconder a personajes más importantes dentro de la Santa Sede.